Skip to main content Scroll Top
Logo Fideval Header

10 consejos para planificar tu retiro privado

planifica tu retiro privado

A veces hablamos del retiro privado como si fuera “un problema del yo de 65 años”, y eso es un error ya que el retiro privado es, en realidad, un proyecto de diseño de vida: cuánto control quieres tener sobre tu tiempo, salud, vivienda, familia y decisiones cuando el trabajo deje de ser obligatorio y pase a ser opcional.

Aquí va la verdad incómoda pero liberadora: planificar el retiro no es solo “ahorrar más” sino alinear edad, ingresos, estructura de gastos, familia (presente o futura), estrategia de inversión y protección. Un retiro sólido se construye como lo hace una empresa: con visión, métricas, disciplina y revisiones periódicas. A continuación tienes 10 consejos para planificar tu retiro privado considerando variables reales: si vives solo o acompañado, si tienes hijos o los planeas, si tus ingresos son fijos o por comisiones, y qué cambia según tu edad.

Define tu retiro como un estilo de vida, no como un número

Antes de hablar de portafolios, define el guion de tu retiro, y esto requiere una conversación honesta contigo mismo, o si ya tienes una pareja o un círculo familias conversen de estos temas para que el primer paso de la planificación empiece bien.

¿Dónde quieres vivir?

No es una pregunta inmobiliaria, es una pregunta de vida. Ciudad, playa o campo no son solo lugares: son ritmos, costos, silencios y rutinas distintas. La ciudad te da acceso, movimiento y servicios; la playa tiempo, clima y una vida más simple; el campo espacio, calma y distancia. También está la variable invisible pero decisiva: ¿cerca de tu familia o lejos de todo? Cada elección redefine cuánto necesitas, cómo gastas y qué tan flexible debe ser tu retiro.

¿Con quién?

Vivir solo no se financia igual que vivir en pareja. Tener hijos cerca, nietos alrededor o formar parte de una comunidad cambia no solo el presupuesto, sino la forma en que usas tu tiempo. El retiro no es aislamiento por defecto; es decidir qué tan acompañado quieres estar y qué responsabilidades eliges mantener.

¿Cómo se ve tu semana ideal?

No pienses en “qué harías algún día”, piensa en un lunes cualquiera. ¿Viajas seguido? ¿Tienes hobbies costosos o simples? ¿Voluntariado, un pequeño negocio, clases, nada? El estilo de tus semanas define el flujo real de gasto, no las vacaciones soñadas.

¿Qué gasto no estás dispuesto a sacrificar?

Todos cedemos en algo, pero hay líneas que no se cruzan. Salud privada, viajes, vivienda, educación de nietos o apoyo familiar suelen ser esos pilares intocables. Identificarlos evita que tu plan se rompa justo cuando más lo necesitas.

2) Estima tu “número de retiro”

Una fórmula simple para poner orden, no para complicarte No necesitas un Excel infinito ni saber de finanzas avanzadas para empezar; lo que necesitas, en cambio, es una referencia clara: un número que te diga si vas bien, si estás lejos o si tienes que ajustar el rumbo. Este no es el número final de tu vida sino un punto de partida honesto.

Empieza por tu gasto, no por el dinero

Antes de pensar en cuánto capital necesitas, piensa en algo más concreto: ¿Cuánto dinero necesitas al año para vivir tranquilo?

No es tu sueldo actual. Es tu vida real en retiro: vivienda, alimentación, salud, viajes, hobbies, apoyo familiar.

Consejo: Mira tus gastos de los últimos 12 meses y elimina lo que sabes que no existirá en retiro (colegios, transporte diario, ciertos gastos laborales). Eso te da una base mucho más realista que cualquier promedio.

La lógica que convierte vida en números

Con ese gasto anual claro, usas una fórmula sencilla: Capital objetivo aproximado = Gasto anual deseado ÷ Tasa de retiro sostenible

No es matemática fría sino más bien responder esta pregunta: Si cada año solo uso una parte de mi patrimonio, ¿cuánto necesito en total para que el dinero no se acabe?

La regla del 4% (una referencia, no una promesa)

Una guía común es la llamada regla del 4%. Significa retirar alrededor del 4% de tu capital cada año, manteniendo el resto invertido para que siga trabajando.

Ejemplo simple:

  • Necesitas USD 20.000 al año
  • Usas una tasa del 4%

Este cálculo significa que, si quieres vivir con $20.000 al año sin que tu dinero se agote rápido, no puedes gastar todo tu capital, sino solo una parte pequeña cada año; al usar una tasa del 4%, estás diciendo que de cada $100 ahorrados solo usarías $4 al año, dejando el resto invertido para que el dinero dure muchos años. Por eso, para obtener $20.000 anuales de forma sostenible, necesitas un capital total de aproximadamente $500.000, porque el 4% de esa cantidad equivale a esos $20.000. Esta división no busca predecir rendimientos, sino darte una referencia clara de cuánto patrimonio necesitas para sostener tu estilo de vida en el tiempo.

Ese número no es mágico, pero te da perspectiva.

Consejo: Si este número te parece muy alto, no te frustres. No es una meta de mañana, es una dirección para los próximos años.

Ajusta la tasa a tu realidad (no a la de internet)

Aquí es donde el plan se vuelve personal:

  • Si quieres más seguridad, usa 3%–3,5%.
  • Si tienes otras fuentes de ingreso (pensión, rentas, un negocio activo), puedes permitirte una tasa distinta.

Consejo: La mejor tasa no es la más agresiva, es la que te permite dormir tranquilo incluso en años malos.

Los tres enemigos silenciosos que nadie quiere mirar

Cualquier planificación de retiro privado que no considere estas variables está incompleto:

Inflación: El costo de vida sube incluso cuando tú no cambias nada.

Salud: A mayor edad, más gasto… y más incertidumbre.

Longevidad: Vivir más es una bendición, pero solo si tu dinero fue diseñado para acompañarte todo ese tiempo.

Consejo: Planifica como si fueras a vivir más de lo esperado. Quedarte corto duele más que ser conservador.

3) Haz el diagnóstico

Patrimonio neto y flujo de caja: una auditoría personal honesta. Antes de pensar en el retiro como una meta lejana, hay que mirar el presente sin maquillaje. No para juzgarte, sino para entender desde dónde partes: todo plan financiero serio comienza con un diagnóstico claro, y ese diagnóstico se construye con solo dos fotografías de tu vida financiera actual.

No necesitas ser experto, se trata de ser honesto contigo misma.

Primera foto: tu patrimonio neto

Esta foto responde a una pregunta incómoda pero necesaria: si hoy liquidas todo y pagas lo que debes, ¿qué te queda realmente? Aquí entran tus activos: ahorros, inversiones, vivienda, negocios, terrenos, cualquier cosa que tenga valor económico y pueda sostenerte en el tiempo. No importa si es grande o pequeño; importa que exista.

Del otro lado están los pasivos: tarjetas de crédito, préstamos personales, hipoteca, deudas familiares o compromisos que aún no has cerrado: todo lo que, mes a mes, te exige dinero sin generarlo. Cuando restas activos menos pasivos obtienes tu patrimonio neto. Ese número no define tu éxito ni tu fracaso, pero sí revela algo clave: si tu estructura financiera hoy está construyendo futuro… o solo sosteniendo el presente.

Segunda foto: tu flujo de caja mensual

Esta foto es incluso más reveladora que la primera, porque no muestra lo que tienes, sino cómo se mueve tu dinero en la vida real. Aquí entran todos tus ingresos, tanto los fijos como los variables: sueldo, comisiones, honorarios, rentas, ingresos ocasionales.

Luego vienen los gastos, que suelen dividirse en tres capas:

  • Los visibles y previsibles: vivienda, alimentación, transporte y salud, aunque es importante tener en cuenta que los seguros de salud privados escalan de precio a esta edad, por lo que tener otras alternativas es algo para tomar en cuenta.
  • Los variables: ocio, viajes, compras no recurrentes, como los regalos a los nietos o familiares y gastos flotantes que no se repiten pero sí te hacen feliz en esa etapa.
  • Los más peligrosos: los gastos invisibles. Suscripciones olvidadas, comisiones bancarias, compras impulsivas, pequeños montos que no duelen… pero se repiten todos los meses.

Este análisis muestra algo muy concreto: si al final del mes tu dinero deja espacio para construir patrimonio o si simplemente se evapora sin dejar rastro.

4) Define tu inversión según tu etapa de vida (y automatiza el débito)

La pregunta “¿cuánto debería ahorrar?” no tiene una única respuesta válida para todos. Cambia con la edad, con el momento profesional y con la cantidad de responsabilidades que cargas hoy. Lo importante no es acertar al porcentaje perfecto, sino entender en qué etapa estás y actuar en consecuencia.

En los 20 y 30: aprender a empezar

Entre los 20 y 30 años, un rango razonable está entre 10% y 15% de tus ingresos. No es una etapa para la perfección financiera; es una etapa para construir el hábito. El verdadero valor aquí no es el monto, es la constancia. Ahorrar poco pero de forma continua vale mucho más que esperar “cuando gane más”.

En los 30 y 40: equilibrio y disciplina

Entre los 30 y 40, la meta suele moverse hacia 15%–20%. Aparecen más gastos, familia, hipoteca, educación, pero también suele haber mayor estabilidad e ingresos más altos. Aquí el ahorro deja de ser opcional y se convierte en una decisión consciente: pagarle primero a tu futuro, no solo al presente.

En los 40 y 50: acelerar con intención

Entre los 40 y 50 años, el rango ideal sube a 20%–25%. El tiempo empieza a pesar más que el esfuerzo, y cada año cuenta. No se trata de vivir con miedo, sino de reconocer que esta es la década en la que acelerar hace una diferencia real en el retiro.

A partir de los 50: proteger y optimizar

Desde los 50 en adelante, si es posible, el ahorro puede llegar a 25%–35%. Aquí el foco ya no es solo ahorrar más, sino cuidar riesgos, reducir costos innecesarios y proteger lo que has construido. Es una etapa de consolidación, no de apuestas.

Si hoy no llegas, está bien

Si estos porcentajes hoy te parecen lejanos, no pasa nada. Empieza con un número que no te rompa ni te frustre. Lo importante es subirlo gradualmente, cada 3 o 6 meses, a medida que tus ingresos crecen o tus gastos se ordenan.

La regla que lo cambia todo

Automatiza tu ahorro el mismo día que recibes tu ingreso. Si esperas “a ver qué queda a fin de mes”, casi siempre no queda nada. Cuando el ahorro entra en piloto automático, deja de depender de la fuerza de voluntad y empieza a depender del sistema. Y los sistemas, cuando están bien diseñados, funcionan incluso en meses difíciles.

5) Si ganas por comisiones, tu plan necesita un sistema anticrisis

Cuando tus ingresos no son fijos -ventas, comisiones, trabajo freelance, honorarios- el error más común es intentar planificar como si lo fueran. No funciona. La estabilidad no viene del monto que ganas, sino del sistema que construyes alrededor de esa variabilidad. Un buen plan de retiro para ingresos variables no elimina los meses malos; los hace manejables. Y aprovecha los meses buenos sin que se evaporen.

Primera capa: el fondo de estabilidad

Esta es tu base de tranquilidad: Un fondo de estabilidad o emergencia equivalente a 6–12 meses de gastos reales te protege cuando las ventas caen, los clientes se retrasan o simplemente tienes un mes flojo. No es dinero para invertir ni para “hacerlo crecer”, sino para comprar tiempo y calma. Mientras no tengas este fondo, cualquier plan de retiro será frágil.

Segunda capa: el aporte base automático

Aunque tus ingresos cambien, tu disciplina no debería hacerlo. Define una cifra mínima mensual que se aporte pase lo que pase, incluso en meses regulares o bajos. No tiene que ser alta sino constante. Este aporte crea el hábito, mantiene el plan vivo y evita que el retiro dependa solo de meses excepcionales.

Tercera capa: el aporte variable inteligente

Aquí es donde los ingresos variables juegan a tu favor: cuando tienes un buen mes, no decides sobre la marcha: ya existe una regla. Una regla clara evita el autosabotaje del “me lo merezco todo”. Ejemplo de distribución del excedente:

  • 50% va directo a inversiones o retiro
  • 30% se reserva para impuestos u obligaciones futuras
  • 20% se permite disfrutar o cubrir metas de corto plazo

No es una regla rígida, es una estructura. Puedes ajustarla, pero lo importante es que exista antes de recibir el dinero.

El error típico que este sistema evita

En ingresos variables suele pasar lo mismo: mes bueno = gasto bueno. Ese patrón genera una vida cómoda en el presente, pero frágil en el futuro. Tu retiro no se construye en los meses normales, se construye cuando conviertes picos de ingreso en patrimonio.

6) Diseña tu estrategia de inversión por etapas

Aquí va un secreto a voces: la edad sí importa. Invertir no es una decisión aislada, es un proceso que cambia contigo. No es lo mismo tener 25 que 55 años, no solo por el tiempo que te queda por delante, sino por tu capacidad de absorber errores, volatilidad y sorpresas. Una buena estrategia de inversión entiende esto y evoluciona con cada etapa de la vida. Aquí no hablamos de productos ni de promesas, sino de lógica financiera.

De los 20 a los 35: crecer y aprender

Esta es la etapa con mayor ventaja invisible: el tiempo. El horizonte es largo y los errores, si ocurren, se pueden corregir. La tolerancia al riesgo suele ser mayor, no porque no importe perder, sino porque hay margen para recuperarse. El foco aquí no es “ganar rápido”, sino construir base: aprender cómo funcionan las inversiones, diversificar desde el inicio y aportar de forma constante. El verdadero activo en esta etapa no es el capital, es el hábito.

De los 35 a los 50: crecer, pero con equilibrio

Aquí sigues construyendo patrimonio, pero el enfoque empieza a cambiar. Ya no se trata solo de crecer, sino de cuidar la volatilidad y evitar concentraciones innecesarias. Las responsabilidades suelen ser mayores y el margen para errores grandes se reduce. El énfasis pasa a una diversificación real: no tener “todo en lo mismo”, aunque parezca seguro o familiar. Esta etapa premia la disciplina y castiga la improvisación.

De los 50 en adelante: proteger y planificar el retiro

En esta fase, la prioridad cambia de forma clara. El objetivo deja de ser maximizar crecimiento y pasa a ser proteger lo construido y preparar cómo se va a usar ese patrimonio. Aquí entran conceptos clave como estabilidad, liquidez planificada y gestión del riesgo. No se trata de dejar de invertir, sino de reducir sorpresas, ordenar flujos de ingreso y diseñar cómo y cuándo se va a retirar el dinero. Una buena estrategia en esta etapa busca previsibilidad, no adrenalina.

El principio que no cambia con la edad

Hay algo que aplica siempre, tengas 25 o 65: Diversificación.

No es una palabra bonita ni una moda financiera es el cinturón de seguridad del patrimonio. La diversificación no elimina riesgos, pero evita que un solo error, una sola mala decisión o un solo evento inesperado comprometa todo lo que has construido. En planificación patrimonial, eso marca la diferencia entre tener opciones… o no tenerlas.

7) Si vives solo, tu plan debe cubrir los riesgos sin red

Vivir solo tiene una gran ventaja: control total sobre tu tiempo, tu dinero y tus decisiones. No necesitas negociar cada gasto ni coordinar cada plan. Pero esa misma autonomía trae una realidad que conviene mirar de frente: cuando vives solo, no hay red automática que te sostenga si algo se sale del guion.

No es un problema sino una variable más del plan.

Las preguntas incómodas que hay que hacerse

Si te enfermas y no puedes trabajar por un tiempo, ¿quién cubre ese vacío?. O por ejemplo si tus ingresos caen de forma inesperada, ¿qué gastos puedes recortar sin que tu vida colapse? o para no ir muy lejos si más adelante necesitas ayuda o acompañamiento, ¿cómo se financia esa asistencia?. Estas preguntas no buscan generar ansiedad sino evitar improvisaciones en momentos donde la energía y la claridad suelen ser menores.

Ajustes clave cuando no hay red familiar directa

Cuando vives solo, tu plan financiero tiene que ser un poco más robusto que el promedio, no más complicado. Un fondo de emergencia más sólido que cubra idealmente entre 9 y 12 meses de gastos reales. No es exceso de cautela; es reemplazar con dinero la red que otros tienen en personas.

Protección de salud y contingencias: Un plan médico alineado a tu etapa de vida, que cubra no solo lo básico, sino escenarios más largos o complejos. La salud es el gasto que más rápido desordena cualquier plan si no está previsto.

Una estructura legal básica: Beneficiarios claros, poderes definidos y, cuando corresponde, un testamento sencillo. No es pensar en el final; es asegurarte de que tus decisiones se respeten incluso si no puedes expresarlas.

8) Si tienes familia, tu retiro no compite con tus hijos: se coordina

Cuando hay pareja e hijos, aparece una idea muy instalada: “primero los niños, después veo mi retiro”. Suena generoso, pero suele ser una trampa. El resultado es predecible: llegas a los 50 con grandes responsabilidades económicas todavía activas y con muy poco patrimonio construido para ti. El problema no es querer darles todo a tus hijos, sino no diseñar un sistema donde todos los objetivos convivan.

El cambio de enfoque: de prioridades a canastas

Un enfoque más sano es dejar de pensar en “qué va primero” y empezar a planificar por canastas financieras. Cada canasta tiene un propósito distinto y ninguna debería desaparecer.

Canasta A: Retiro
Es innegociable, incluso si al inicio es pequeña. Tu retiro no es un lujo; es parte de la estabilidad de tu familia a largo plazo y un pago a tu “yo” del futuro.

Canasta B: Educación y objetivos de los hijos
Colegio, universidad, intercambios o apoyos puntuales. Aquí el error común es improvisar o endeudarse sin plan.

Canasta C: Vivienda
Renta o hipoteca. Suele ser la canasta más pesada y la que más condiciona el resto del presupuesto, por lo que es importante tomar una decisión informada basada en tu situación, el mercado de vivienda en tu ciudad y las oportunidades o no de adquirirla.

Canasta D: Protección
Salud y seguros necesarios según tu etapa y dependientes. No busca enriquecer a nadie, busca evitar una crisis más adelante.

La clave no es llenar todas las canastas al mismo ritmo, sino que ninguna quede vacía para tener cubiertas cada una e irlas llenando en el tiempo según los montos necesarios.

La variable que lo cambia todo: la edad de tus hijos

Las necesidades no son las mismas en cada etapa, y el plan debe adaptarse.

De 0 a 5 años
Los gastos crecen rápido, pero todavía hay tiempo para planificar el futuro educativo. Aquí conviene priorizar un fondo de emergencia sólido y mantener un aporte mínimo y constante al retiro, aunque sea modesto.

De 6 a 12 años
Empieza una planificación educativa más concreta. Es momento de ajustar el presupuesto, evitar deudas innecesarias y ordenar prioridades antes de que los costos se disparen.

De 13 a 18 años
Es la etapa más exigente en términos de gasto. Aquí necesitas estrategia: ahorro educativo específico, becas, opciones reales. Lo más importante es no financiar la educación comprometiendo tu vejez.

19 años en adelante (inicio de independencia)
Cuando los hijos empiezan a soltarse, se abre una ventana poderosa para acelerar el retiro. Subir aportes en esta etapa puede cambiar por completo tu proyección futura.

¿Y si planeas tener familia más adelante?

El error no es no tener hijos todavía, es no presupuestarlos mentalmente. Diseña desde hoy una línea presupuestaria futura que incluya guardería, salud, vivienda y educación. Si no lo haces tú de forma consciente, el futuro lo hará por ti… normalmente en forma de deuda.

9) Prepara el plan de retiro como un sistema

Ingreso en retiro, no solo acumulación El mayor error al pensar en retiro es creer que todo se trata de acumular dinero. Acumular es solo la primera mitad del camino. La segunda -y la más importante- es convertir ese patrimonio en ingresos sostenibles a lo largo del tiempo. Un buen plan de retiro no es una bolsa de dinero inmóvil; es un sistema que combina crecimiento, estabilidad y liquidez según el momento de tu vida.

Piensa el retiro como un ecosistema de ingresos

En el retiro, el dinero puede venir de varias fuentes que se complementan entre sí:

  • Renta de inversiones, mediante distribuciones o retiros planificados.
  • Bienes raíces o alquileres, si forman parte de tu estrategia patrimonial.
  • Un negocio liviano o consultoría, algo que disfrutes y no dependa de jornadas intensas.
  • Pensión pública, si existe y calificas.
  • Ahorros líquidos, reservados para emergencias y tranquilidad.

La clave no es tenerlas todas, sino diseñar la combinación adecuada para ti.

Los fondos de fideval son tus aliados

Los fondos de inversión permiten estructurar este sistema por capas, alineando cada objetivo con el tipo de fondo adecuado:

Esto permite que tu retiro no dependa de una sola fuente ni de una sola decisión.

10) Revisa tu plan cada año

Seis preguntas para auditar tu retiro: Un plan de retiro serio no se diseña una vez y se olvida sino que revisa periódicamente.
La vida cambia, tus ingresos cambian, tus prioridades cambian. Por eso, al menos una vez al año, conviene detenerse y hacer una auditoría honesta de tu sistema financiero personal. La idea no es castigarse sino ajustar el rumbo antes de que el tiempo haga los ajustes por ti.

1. ¿Logré subir mi tasa de ahorro, aunque sea un 1%?

No necesitas grandes saltos para avanzar. Subir un 1% anual parece pequeño, pero acumulado en el tiempo hace una diferencia enorme. Si no subiste, pregúntate por qué: ¿fue un año excepcional o una nueva normalidad?

2. ¿Mi fondo de emergencia sigue intacto?

El fondo de emergencia no está para financiar estilo de vida. Si se drenó, es una señal de alerta: o tus gastos crecieron más rápido que tus ingresos, o no estabas tan cubierto como creías. Revisarlo te devuelve control.

3. ¿Mis deudas están bajo control?

No todas las deudas son iguales. Las productivas pueden convivir con tu plan; las malas deberían ir desapareciendo año tras año. Si hoy debes más que el año pasado, el plan necesita ajustes, no excusas.

4. ¿Mi estrategia de inversión sigue alineada con mi etapa de vida?

Lo que era razonable hace cinco años puede no serlo hoy. Revisa si tu nivel de riesgo, liquidez y horizonte siguen teniendo sentido según tu edad, tus metas y tu realidad emocional frente a la volatilidad.

5. ¿Hubo cambios familiares que exigen ajustes?

Hijos, pareja, divorcio, apoyo a padres, independencia de los hijos… cada cambio personal tiene impacto financiero. Ignorarlo no lo hace desaparecer, solo lo vuelve más costoso después.

6. ¿Tengo protección adecuada para salud y contingencias?

La protección no se nota cuando todo va bien, pero se vuelve crítica cuando algo pasa. Revisa si tu cobertura sigue siendo suficiente y coherente con tu etapa de vida y tus responsabilidades actuales.

el retiro privado es libertad de decisión

Planificar el retiro privado no es una carrera por acumular dinero ni una obsesión por alcanzar una cifra perfecta. Es una forma de construir opciones reales a lo largo de la vida. La opción de seguir trabajando porque lo disfrutas y no porque lo necesitas, de cuidar tu salud sin miedo a los costos, de apoyar a tu familia sin ponerte en riesgo, de vivir solo o acompañado sin que el dinero sea quien tome las decisiones por ti. El retiro privado nace de entender que la libertad futura no aparece por azar, se diseña con anticipación, convirtiendo el ahorro en capital y el capital en una base que sostenga tu estilo de vida cuando el tiempo y la energía valgan más que cualquier ingreso.

En el fondo, la planificación del retiro es un acto de responsabilidad personal y de respeto por tu propio futuro. No se trata de desconectarte del presente, sino de vivirlo con más calma sabiendo que estás construyendo estabilidad. La inversión de largo plazo y la disciplina no son sacrificios, son herramientas para reducir la incertidumbre, aliviar el estrés y ganar bienestar integral. Cuando el retiro se planifica con intención, deja de ser una preocupación lejana y se transforma en una extensión natural de una vida bien pensada, donde la independencia financiera acompaña, en lugar de condicionar, la forma en la que eliges vivir.

simula tu inversión

Leave a comment

COMUNICADO

logo-fideval

IMPLEMENTACIÓN DEL SISTEMA DE GESTIÓN ANTISOBORNO Y TRANSPARENCIA EMPRESARIAL

Estimados, clientes y proveedores. –

Nos complace informarles que hemos implementado con éxito el Sistema de Gestión Antisoborno y Transparencia Empresarial en nuestra organización. Esta medida refuerza nuestro compromiso con la integridad, la ética y la transparencia en todas nuestras operaciones. Ante lo mencionado compartimos con ustedes los criterios contenidos en nuestra Política de Transparencia, la cual es de aplicación obligatoria para nuestros colaboradores y terceros que mantengan cualquier tipo de relación comercial con Fideval y/o los productos que ésta administra.

Esta Política busca prevenir, detectar y tratar posibles conductas indebidas, reafirmando nuestro compromiso mediante los siguientes lineamientos:

Contamos con su apoyo en esta iniciativa pues juntos construimos un entorno empresarial íntegro y transparente, para lo cual también hemos establecido un canal confidencial para la recepción de denuncias a través del siguiente enlace:

Atentamente,
Fideval S.A. Administradora de Fondos y Fideicomisos

Simula tu objetivo
Planifica tu futuro