El crédito es el motor que impulsa hogares, PYMES y empresas productivas, pero depende de una variable clave: la tasa de interés. La publicación del Banco Central del Ecuador (Apuntes de Economía, No. 73) ofrece una visión sólida sobre la evolución de ambos y cómo los ecuatorianos han transformado su relación con el crédito. Aquí, te describo las principales conclusiones, su impacto económico y qué deben saber quienes apuestan por el futuro del país.
Una historia de regulación para mejorar el acceso
Desde 2007, Ecuador aplica techos en las tasas activas (lo que pagan los prestatarios), una medida regulatoria diseñada para contener los costos del crédito y promover su acceso. La Ley de Regulación del Costo Máximo Efectivo del Crédito estableció límites según el segmento —consumo, vivienda, productivo, microcrédito— lo que llevó al BCE a fijar y ajustar esos techos periódicamente. Entre 2008 y 2010, los techos del microcrédito tuvieron reducciones importantes: entre 2.5 y 6.1 puntos porcentuales, según el subsegmento. Esta regulación trajo consigo una caída también en las tasas de mercado.
Tasas efectivas reales: el reflejo del mercado
Las tasas efectivas anuales (TEA) en segmentos como microcrédito, consumo y productivo han mostrado tendencia a la baja en años recientes, apuntando a créditos más accesibles. El crédito de consumo domina la cartera total (36,8 %), seguido por el productivo y microcrédito. El segmento de microcrédito, de particular importancia para inclusión financiera, redujo su tasa minorista promedio de 26 % en 2018 a 19.5 % en 2021, equivalente a casi 7 puntos porcentuales.
El uso del crédito se democratiza
Los segmentos de consumo y microcrédito representan más del 54 % de la cartera de crédito y atendieron a más del 80 % de los beneficiarios en 2021 (sobre todo en instituciones privadas). Esto evidencia que un buen número de ecuatorianos, especialmente de ingresos bajos y medianos, acceden a productos formales que antes les eran inaccesibles.
¿Qué motiva estas tasas y su evolución?
Las tasas incluyen varios componentes:
- Costos de fondeo: cuánto paga el banco por obtener recursos (depósitos, reportos).
- Costos operativos: infraestructura, personal, tecnología, evaluación de crédito.
- Prima de riesgo: probabilidad de impago del crédito.
- Margen de ganancia e impuestos: utilidad neta y obligaciones tributarias que enfrentan las entidades.
La regulación ha incentivado a que las entidades financieras busquen eficiencia, en lugar de trasladar costos al usuario, pero la sostenibilidad del sistema también requiere que estos componentes sean equilibrados y adecuados según segmento.
Esta evolución redefine la relación con el crédito
Para los ecuatorianos, la reducción de tasas significó:
- Créditos más asequibles y previsibles en sus costos.
- Mayor acceso a pequeñas empresas, estudios o consumos.
- Reducción de dependencia de sistemas informales, históricos y costosos.
Para las entidades financieras, representa un reto de eficiencia operativa, riesgo, innovación en evaluación crediticia y diversificación del portafolio.
Para los inversionistas, implica un entorno financiero más maduro y accesible, con mayor inclusión y expansión de mercado.
Implicaciones para el desarrollo y para invertir en Ecuador
- Inclusión financiera: más hogares y PYMES acceden a productos formales de financiamiento, lo que impulsa consumo, inversión y empleo.
- Profundización del sistema financiero: una cartera más diversificada y saludable permite mayor estabilidad macro.
- Oportunidades para innovación fintech: un mercado más amplio y regulado abre espacio a nuevas soluciones digitales de crédito y evaluación.
- Mayor predictibilidad para gasto y gastos empresariales: tasas más estables favorecen la planificación financiera.
- Inversiones segmentadas: áreas como vivienda social o microempresa se vuelven más atractivas, con menores riesgos regulatorios.
Lo que deben tener en cuenta los inversionistas
- Analizar la evolución del crédito por segmento para detectar oportunidades rentables en consumo, vivienda o microcrédito.
- Evaluar la eficiencia operativa de las entidades: aquellas que aprovechen escala, digitalización o buena gestión de riesgo tendrán ventaja.
- Vigilar cambios regulatorios: cualquier ajuste en techos de tasas puede alterar el costo del crédito y rentabilidad.
- Considerar inclusión y desarrollo sostenible: invertir en proyectos que atiendan segmentos subatendidos puede generar impacto y retorno.
- Explorar alianzas fintech: el margen en microcrédito o consumo permite innovación en modelos financieros alternativos.