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Ecuador a mitad de 2026: la economía crece, pero el dinero deja de abaratarse

La Fed vuelve a recortar tasas: por qué esta decisión importa tanto para una economía dolarizada como la ecuatoriana

Hay años en los que el dato importante no es el que ocupa los titulares: Ecuador llega a julio de 2026 con un cuadro macroeconómico que, leído rápido, se ve inmejorable: la economía crece, los precios están quietos y el riesgo país tocó su nivel más bajo en más de una década. Sin embargo, el indicador que definirá el segundo semestre no es ninguno de esos. Es el precio del dinero, y acaba de cambiar de dirección.

Lo que dejó el primer semestre

El Banco Central proyecta un crecimiento del PIB de 2,5 % para 2026, sostenido en la demanda interna, cuyo primer trimestre cerró con una expansión de 2,1 % interanual y 16 de 20 industrias en terreno positivo, una amplitud que habla de una recuperación repartida y no concentrada en un solo sector. En mayo, el Indicador Mensual de Actividad Económica subió 1,6 % frente al mismo mes de 2025, sostenido por servicios y manufacturas pese a las caídas en petróleo y agricultura.

El motor está adentro pues el consumo de los hogares creció 3,9 % y la inversión en construcción 12,8 % en el arranque del año. Las ventas internas superaron los USD 24.278 millones en mayo, un 10,1 % más que un año atrás. Y la inflación anual se ubicó en apenas 1,7 % en junio: precios estables en un año de expansión, una combinación poco frecuente.

El sector externo muestra dos caras. Por un lado entra dinero: la inversión extranjera directa casi se duplicó en el primer trimestre y llegó a USD 431,5 millones. Las remesas también crecieron y sumaron USD 1.856,7 millones, un 7,7 % más que el año pasado, con casi ocho de cada diez dólares enviados desde Estados Unidos.

Por otro lado está el comercio, y ahí la señal es más floja. La balanza sigue en superávit, con USD 2.144 millones entre enero y mayo, pero es un 38 % menor al del año pasado. El motivo es simple: las importaciones crecieron 18 % y las exportaciones apenas 5 %. Lo que sostuvo las ventas al exterior fue la minería, con un alza de 47 %, y el camarón, con 12 %.

En los mercados, la señal fue contundente: el riesgo país cerró junio en 386 puntos, el nivel más bajo desde septiembre de 2014. Empezó el año en 492. Menos riesgo significa financiamiento externo más barato para el Estado y, por transmisión, condiciones más holgadas para todo el sistema.

El crédito, el termómetro microeconómico

Si el PIB es la foto, el crédito es la película. La colocación creció 9,8 % interanual en el primer semestre y el saldo del sistema financiero superó los USD 73.000 millones. La banca privada concentró el 77,9 % del financiamiento.

Lo interesante es la composición. El crédito productivo encabezó con el 52,1 % del total colocado; sumado al de consumo, ambos explican el 82,4 % de los recursos entregados. El hipotecario repuntó cerca de 22 %, coherente con esa inversión en construcción que crece a doble dígito. Y en el productivo, el agro y la pesca recibieron USD 1.954 millones entre enero y mayo, un alza de 23,8 %.

La banca pública y la economía popular acompañaron: BanEcuador superó los USD 363 millones a más de 71.000 beneficiarios, las cooperativas aumentaron 12 % su financiamiento a pymes y el Biess fijó una meta de colocación de USD 5.800 millones para el año. En otras palabras: hay demanda de crédito y hay quien la atienda. La pregunta es a qué precio.

El giro: se acaba el ciclo de tasas a la baja

Durante 2025 y el primer semestre de 2026, las tasas activas referenciales bajaron de forma sostenida. En julio de 2026 eso dejó de ser uniforme. Varios segmentos siguieron cediendo, pero otros subieron: el microcrédito minorista pasó de 19,25 % a 19,80 %, y también se movieron al alza las tasas para pymes e inversión pública. Los segmentos regulados o subsidiados quedaron congelados: vivienda de interés público y social en 4,99 %, educativo social en 5,49 %.

Ese es el dato de fondo. El costo del dinero dejó de bajar en bloque y empezó a bifurcarse: los segmentos con precio de mercado suben, los administrados se quedan quietos. Del lado del ahorro, la tasa pasiva referencial se estabilizó cerca de 5,5 %, tras venir de alrededor de 6,8 % a fines de 2024 y bajar a la zona del 5 % durante 2025. Con una inflación de 1,7 %, eso implica un rendimiento real positivo cercano a 3,8 puntos, algo que no siempre estuvo disponible en la última década.

De dónde viene el freno

Ecuador no fija su tasa de interés, pues en una economía dolarizada, el piso lo pone la Reserva Federal, y ahí ocurrió el cambio. La decisión está en manos de la Fed que mantiene su tasa en el rango de 3,50 % a 3,75 %, sin movimientos por cuarta reunión consecutiva, pero su discurso giró: la proyección mediana para el cierre de 2026 subió de 3,4 % a 3,8 %, y nueve de diecinueve miembros anticipan al menos un aumento este año. La inflación estadounidense se aceleró a 4,2 % en mayo, empujada por un salto de más de 20 % en la energía. Los futuros ya descuentan una tasa cercana al 4 % hacia fin de año.

El origen de ese shock energético es también el segundo factor: el conflicto en Medio Oriente, en el que el crudo ecuatoriano superó los USD 90 por barril en abril, retrocedió a la zona de los USD 68 tras el acuerdo de paz y volvió a subir a USD 84 el 20 de julio ante nuevas tensiones en Ormuz. Frente a un presupuesto estatal calculado con el barril a USD 53,50, cualquier nivel sobre esa marca alivia la caja fiscal. Aquí está la tensión que define el semestre: el petróleo caro le conviene a Ecuador por el lado fiscal y le perjudica por el lado de las tasas: alimenta la inflación estadounidense, empuja a la Fed y encarece el fondeo de todo el sistema financiero local. El país gana en la caja y paga en el crédito.

Qué mirar en el segundo semestre

Tres variables concentran la incertidumbre, y conviene entender cómo se conectan entre sí, porque ninguna actúa por separado.

La primera son las reuniones de la Reserva Federal de julio y septiembre: en una economía dolarizada, la decisión que toma un comité en Washington cumple la función de la política monetaria que Ecuador no puede dictar por su cuenta, y por eso el calendario de la Fed pesa tanto como el del Banco Central. El escenario base es que la tasa no se mueva en julio, pero el mercado ya le asigna una probabilidad real a un aumento antes de diciembre y los futuros descuentan un nivel cercano al 4 % para el cierre del año. Si eso ocurre, el fondeo de la banca ecuatoriana se encarece sin que ninguna autoridad local haya tomado una sola decisión al respecto.

La segunda es el estrecho de Ormuz, y su relevancia resulta menos evidente, ya que por ahí circula buena parte del crudo que fija el precio internacional de la energía, y ese precio es justamente el que viene empujando la inflación estadounidense por encima del 4 %. La cadena termina donde empezó el punto anterior. Un barril tensionado alimenta la inflación en Estados Unidos, esa inflación empuja a la Fed y la Fed define cuánto cuesta el dinero en Quito. Ecuador queda entonces en una posición incómoda, porque el mismo barril caro que llena la caja fiscal encarece el crédito de sus empresas y de sus hogares.

La tercera es el ritmo de las importaciones, que suele leerse como un asunto de comercio exterior cuando en realidad es un asunto de liquidez. Sin moneda propia, los dólares entran al país por exportaciones, remesas, inversión extranjera y financiamiento externo, y salen principalmente por importaciones. Cuando las compras al exterior crecen 18 % y las ventas apenas 5 %, el superávit se achica y el sistema financiero trabaja con menos holgura. Esa menor holgura se traduce en competencia por captar depósitos, y esa competencia termina apareciendo en la tasa que pagan los créditos.

Puestas juntas, las tres empujan en la misma dirección: el escenario más probable para lo que resta del año no es un encarecimiento brusco del crédito sino algo más sutil y más fácil de pasar por alto, que es el fin de la expectativa de que siga abaratándose, quien construyó su plan financiero suponiendo que en diciembre conseguiría mejores condiciones que en julio probablemente deba revisar ese supuesto, porque la ventana de tasas descendentes parece haberse cerrado durante el primer semestre.

Para quien ahorra o invierte, la lectura es la contraria, ya que en un entorno de tasas sostenidas con una inflación de 1,7 % deja un rendimiento real positivo que no depende de acertar el momento exacto del mercado ni de asumir más riesgo del necesario. En ese escenario el rendimiento real se defiende solo, algo que no siempre estuvo disponible en la última década.

El resumen del semestre cabe en una sola idea: la economía ecuatoriana está creciendo con precios estables y con el riesgo país en su nivel más bajo en doce años, pero el dinero ya dejó de abaratarse, por lo que planificar con esa premisa, y no con la del semestre que acaba de terminar, es lo que separa una decisión bien tomada de una que llegó tarde.


Nota elaborada con información del Banco Central del Ecuador, JPMorgan (índice EMBI Global), la Reserva Federal de Estados Unidos, el Ministerio de Economía y Finanzas y reportes de prensa económica nacional e internacional, con corte a julio de 2026. Es un análisis de contexto, no una recomendación de inversión.

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