El país exhibe un superávit comercial de USD 2.843 millones, reservas internacionales por encima de USD 12.000 millones y un crédito que vuelve a crecer. Detrás de esas cifras hay, sin embargo, una economía en la que empresas y hogares están tomando decisiones distintas sobre qué hacer con su dinero y cuánto tiempo están dispuestos a inmovilizarlo.
A mediados de septiembre de 2026, la economía ecuatoriana ofrece una fotografía bastante distinta de la que podía observarse apenas un par de años atrás. No hay un solo indicador capaz de contar la historia completa. Hay que mirar simultáneamente los dólares que entran por exportaciones y remesas, el dinero que permanece en el sistema financiero, el ritmo al que los bancos y cooperativas vuelven a prestar, las tasas que reciben los ahorristas y pagan las empresas y, sobre todo, la velocidad con la que esos recursos circulan dentro de una economía dolarizada. Cuando esas piezas se ponen juntas aparece una conclusión más interesante que simplemente decir que Ecuador está creciendo, ya que hoy tiene hoy una posición externa más favorable, un sistema financiero con una base importante de recursos y una recuperación del crédito que empieza a alimentar la actividad interna, aunque las preferencias de liquidez muestran que hogares y empresas todavía valoran mucho la disponibilidad inmediata del dinero. El Banco Central acaba de elevar su previsión de crecimiento para 2026 de 2,5% a 2,7%, con una expansión esperada del consumo de los hogares de 3,3%, de la inversión de 5,8% y de las exportaciones de bienes y servicios de 3,8%.
En una economía dolarizada esta discusión sobre liquidez tiene una importancia especial porque Ecuador no puede crear dólares cuando los necesita. Los dólares tienen que entrar, permanecer y circular, y en este momento están entrando por varios canales. La reserva internacional alcanzó USD 12.067 millones en agosto, mientras que la liquidez total M2 se situó en USD 104.207 millones en julio. Las captaciones de empresas y hogares en las denominadas Otras Sociedades de Depósito -bancos, cooperativas, mutualistas y otras entidades incluidas en la estadística del BCE- alcanzaron USD 82.414 millones y el crédito al sector privado USD 78.384 millones. Son cifras de stock y no deben confundirse con el volumen mensual de nuevos depósitos o préstamos, pero permiten dimensionar la profundidad que ha adquirido el circuito financiero ecuatoriano. Además, el BCE proyecta que durante 2026 el crédito al sector privado crecerá 10,9% y las captaciones 11,5%.
El frente externo explica buena parte de esa disponibilidad de dólares. Entre enero y julio Ecuador exportó USD 23.289 millones e importó USD 20.446 millones, dejando un superávit comercial acumulado de USD 2.843 millones. Julio fue particularmente fuerte. Las exportaciones alcanzaron USD 3.717,9 millones frente a importaciones por USD 3.213,5 millones y dejaron un saldo mensual positivo de USD 504,4 millones. pero hay un matiz importante que evita caer en una lectura excesivamente celebratoria. Aunque las exportaciones acumuladas crecieron 9,3% frente a 2025, las importaciones avanzaron 17,5%, por lo que el superávit comercial de los primeros siete meses es en realidad 27,3% menor al registrado durante el mismo período del año pasado: Ecuador está generando muchos dólares mediante comercio exterior, pero al mismo tiempo está demandando más dólares para comprar bienes en el extranjero.
No necesariamente es una mala noticia que las importaciones estén aumentando, pues su composición importa tanto como su volumen. Entre enero y julio las compras externas de materias primas llegaron a USD 6.418 millones y las de bienes de capital a USD 4.191 millones, con crecimientos cercanos al 11% en ambos casos. Una economía que compra maquinaria, equipos e insumos puede estar anticipando producción futura. De hecho, la formación bruta de capital fijo ya había crecido 12,8% interanual durante el primer trimestre y el BCE ahora proyecta una expansión de la inversión de 5,8% para el conjunto de 2026. El dato menos favorable está en combustibles y lubricantes, cuyas importaciones llegaron a USD 5.373 millones hasta julio y aumentaron 35,3%, recordándonos una de las contradicciones estructurales de Ecuador: es productor y exportador de petróleo y, al mismo tiempo, necesita gastar miles de millones de dólares importando combustibles y derivados.
La otra transformación ocurre dentro de la canasta exportadora. El camarón ya no es simplemente una exportación relevante, sino el principal generador individual de divisas del país. Entre enero y julio produjo USD 5.765,7 millones, 17,6% más que un año antes, superando incluso los USD 5.724,1 millones de las exportaciones petroleras. La minería alcanzó USD 3.179,5 millones con un crecimiento extraordinario de 43,5% y el banano USD 2.739,9 millones. El cacao ofrece la imagen opuesta, con USD 1.195,7 millones y una caída de 54,6%. La composición importa porque significa que la entrada de dólares depende menos exclusivamente del petróleo que en décadas anteriores. Sin embargo, diversificación no significa ausencia de vulnerabilidad, ya que Camarón, minería, petróleo y banano siguen expuestos a precios internacionales, demanda externa, logística, regulación y eventos climáticos.
El petróleo, además, volvió a convertirse en una variable favorable durante septiembre; mientras el WTI se ubicó en USD 101,39 por barril el 14 de septiembre, en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas. Para Ecuador, un petróleo más caro puede fortalecer exportaciones y cuentas fiscales, aunque parte del beneficio externo se diluye cuando también aumenta el costo de los combustibles importados. Algo parecido ocurre con el oro, cuya cotización internacional rondaba los USD 4.300 por onza en esos días, un entorno particularmente favorable para un Ecuador cuya minería ha adquirido un peso creciente en la generación de divisas. El tipo de cambio efectivo real se encontraba en 110,87 en agosto, otro indicador que merece seguimiento porque permite observar cómo evoluciona la competitividad relativa de una economía que, al utilizar el dólar, no dispone de una moneda propia que pueda depreciarse para absorber shocks externos.
Pero quizás la señal más interesante para entender lo que ocurre dentro del país está en el crédito, pues en agosto el Sistema Financiero Nacional concedió USD 4.420 millones en operaciones nuevas y renovadas, 9,8% más que un año antes. Entre enero y agosto el monto acumulado creció 9,9%. Los bancos privados explicaron buena parte de esa expansión y concentraron 77,6% del financiamiento otorgado en el período. No se trata únicamente de más préstamos de consumo, pues el crédito productivo representó 51,6% del monto total concedido durante los primeros ocho meses y el consumo 30,4%. El microcrédito aumentó 18,8% interanual en términos acumulados y el inmobiliario 33,4%, aunque desde bases considerablemente menores. El crédito destinado a manufactura creció 10,8% y el dirigido a agricultura, ganadería, silvicultura y pesca 19,7%. Son señales consistentes con una economía en la que el sistema financiero está volviendo a transformar liquidez en actividad productiva.
Ese proceso tiene un precio. En septiembre la tasa activa referencial para crédito productivo corporativo se ubica en 7,03%, mientras la empresarial alcanza 9,05%, PYMES 8,98% y consumo 15,74%. La tasa pasiva referencial es 4,99%. Esa diferencia ayuda a entender el dilema cotidiano de hogares y compañías: cuánto mantener disponible, cuánto colocar a plazo y cuánto destinar a inversión o reducción de deuda. En agosto, por ejemplo, un depósito de entre 30 y 60 días pagaba en promedio alrededor de 4%, mientras los depósitos superiores a 360 días alcanzaban 6,23%. En una economía con inflación relativamente contenida, esas tasas convierten a la liquidez en un activo que tiene un costo de oportunidad visible. Mantener dinero completamente inmóvil y disponible ofrece flexibilidad, pero significa renunciar al rendimiento que puede obtenerse al extender el horizonte.
Allí aparece uno de los datos más reveladores del momento, pues en agosto el sistema captó USD 7.770 millones mediante nuevas operaciones y renovaciones de depósitos a plazo, 0,7% menos que un año antes. En el acumulado enero-agosto el monto de esas operaciones cayó 1,4% y el número de operaciones disminuyó 5,2%. Sin embargo, los plazos largos están creciendo. Los depósitos superiores a 360 días aumentaron 14,3% en monto y los de 181 a 360 días 11,8%, mientras los depósitos de 30 a 60 días cayeron 15,5%. Es decir, no parece haber simplemente una fuga desde el ahorro hacia el consumo. Dentro del dinero que sí se coloca a plazo está ocurriendo una recomposición: menos operaciones cortas y mayor crecimiento en horizontes largos. Esto convive con el fuerte stock general de captaciones del sistema y dibuja un comportamiento financiero más sofisticado que la simple dicotomía entre ahorrar y gastar.
A los dólares provenientes del comercio hay que sumar otra fuente que a veces recibe menos atención de la que merece: las remesas. Ecuador recibió USD 1.856,7 millones solo durante el segundo trimestre de 2026. Para miles de hogares ese dinero no aparece como una variable macroeconómica sino como capacidad concreta para consumir, ahorrar, pagar deuda, construir una vivienda o financiar un pequeño negocio. Desde la perspectiva del país, sin embargo, las remesas son también entrada neta de divisas y contribuyen a explicar por qué la cuenta corriente puede mantenerse en terreno positivo. El BCE estima ahora que Ecuador cerrará 2026 con un superávit de cuenta corriente de USD 4.587 millones.
Todo esto ayuda a entender por qué septiembre encuentra a Ecuador en una posición económica razonablemente más sólida, pero no exenta de riesgos. El riesgo país estaba en 419 puntos básicos el 14 de septiembre, una referencia relevante sobre la percepción del riesgo soberano, mientras las reservas internacionales superaban los USD 12.000 millones. Al mismo tiempo, el Banco Central calcula que la economía crecerá 2,7% este año después del rebote de 2025. Es crecimiento, pero no crecimiento explosivo. Es una economía que parece haber recuperado tracción y que cuenta hoy con más crédito, inversión y exportaciones, pero cuya velocidad estructural continúa siendo moderada.
Sobre ese escenario aparece ahora un riesgo que no nace en los mercados financieros sino en el Pacífico, ya que el propio Banco Central incorporó en su última programación macroeconómica escenarios para medir un eventual impacto del fenómeno de El Niño. No son pronósticos sobre su intensidad, sino ejercicios de sensibilidad, ya que bajo un escenario moderado el crecimiento de 2027 podría reducirse en 0,5 puntos porcentuales frente al escenario base y bajo uno fuerte el impacto podría alcanzar 1,4 puntos: Agricultura, infraestructura, logística y exportaciones serían algunos de los canales capaces de trasladar un shock climático hacia la economía real y eventualmente hacia el sistema financiero.
Por eso la historia económica de Ecuador en septiembre de 2026 no debería reducirse a que el camarón rompió récords, que el petróleo volvió a superar los USD 100 o que existe más crédito. La señal verdaderamente importante está en la interacción entre todas esas variables, pues Ecuador está recibiendo dólares del comercio, del petróleo, de las exportaciones no petroleras y de las remesas. Una parte permanece dentro del sistema financiero y otra está convirtiéndose nuevamente en crédito, consumo e inversión. Las empresas importan más maquinaria y materias primas mientras el financiamiento productivo vuelve a crecer, y los depositantes, por su parte, parecen diferenciar cada vez más entre el dinero que necesitan disponible y aquel que pueden comprometer durante plazos mayores.
En una economía dolarizada, esa circulación es casi tan importante como el crecimiento mismo: la pregunta para los próximos meses no será únicamente cuántos dólares entran a Ecuador, sino qué tan eficientemente logra el país convertir esos dólares en ahorro, crédito, inversión y producción antes de que el siguiente shock -externo, fiscal o climático- vuelva a poner a prueba la liquidez. Esa probablemente sea la variable que mejor explique si la mejora de 2026 termina siendo simplemente otro buen momento del ciclo o el comienzo de una expansión con mayor capacidad de sostenerse en el tiempo.
Fuentes principales: estadísticas y reportes actualizados del Banco Central del Ecuador, incluyendo comercio exterior, sector monetario y financiero y Programación Macroeconómica a septiembre de 2026.













