Vas por un parque y de repente un perro va caminando con chaqueta rosa o paseando en un coche fabricado para cachorros. Asimismo, las tiendas de mascotas son un desfile que van más allá de lo básico: collares con chips, arenas de gato en carbón activado o juguetes de perro con gadgets tecnológicos. El mundo de las mascotas en Ecuador ya no es un nicho: se ha convertido en un motor emergente del consumo, redefiniendo prioridades en los hogares y penetrando incluso en las conversaciones de política pública. Esta transformación no es solo emocional, sino también económica, con implicaciones importantes para la estructura del gasto doméstico.
Qué es la canasta básica (y por qué importa) para entender el gasto en mascotas
Antes de entrar en números de mascotas, vale recordar qué entendemos por canasta básica. En Ecuador, la Canasta Familiar Básica (CFB) representa el conjunto de bienes y servicios esenciales que una familia de referencia debe consumir para cubrir sus necesidades mínimas: alimentos, vivienda, servicios públicos, transporte, indumentaria, salud, recreación, etc. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en junio de 2025 esa canasta alcanzó un valor de USD 812,64 para un hogar tipo de cuatro miembros.
Ese monto no solo sirve como indicador del costo de vida, sino también para medir cuánta carga adicional puede soportar un hogar si incorpora nuevos rubros (como mascotas) o si está sometido a presiones de inflación o endeudamiento.
El crecimiento del gasto en mascotas
Las cifras indican que los ecuatorianos gastan cada vez más en sus animales de compañía. En el rubro de alimentos para perros, por ejemplo, un estudio de Oikonomiks recopilado por Primicias señala que un perro de raza pequeña consume unos 4,2 kg al mes y el gasto mensual promedio en alimento ronda USD 45,23, tras la eliminación del IVA. Antes de esa exoneración, ese valor era significativamente mayor. Para perros de raza mediana, ese gasto promedio actual se sitúa en USD 47,23 (una caída del 17 % respecto al período previo) y para razas grandes el monto ronda los USD 88,36 mensuales.
Pero el gasto no termina ahí. Servicios como hospedaje (“pet boarding”) llegan a costar entre USD 10 y 15 por día en algunos casos. También abundan pagos por paseadores de perros (por ejemplo, USD 40 al mes para dos sesiones semanales) o inversión en accesorios de moda (ropa, collares, juguetes, etc.).
En el ámbito comercial, las ventas del segmento mascotas han crecido: entre las cadenas del retail se ha observado un incremento del 11 % en valor interanual en ciertos periodos. Asimismo, productos como alimentos premium, snacks naturales, platos automáticos o placas con códigos QR (para identificar mascotas) tienen demanda creciente. Más aún, empresas como Alpina y Mimma ya destinan inversiones (USD 100.000) para lanzar productos dirigidos al mercado de mascotas (en este caso, un “dogyurt”) en Ecuador. En cuanto a la penetración, según el Censo Poblacional 2022 y datos oficiales, se estima que Ecuador tiene más de 7,6 millones de perros y gatos y que 2,6 millones de hogares conviven con al menos un perro.
¿Cuánto representa en la estructura del gasto familiar?
Aunque no hay datos oficiales que separen el porcentaje exacto del gasto en mascotas dentro de la canasta familiar, los indicios sugieren que se trata de un rubro no trivial, especialmente para clases medias o hogares con presupuestos relajados. En la encuesta sobre gasto de plataformas, ya se identifica que “mascotas y restaurantes” emergen como componentes que los hogares destinan más recursos.
Dado que la canasta básica ronda los USD 812 para un hogar tipo, si una familia con mascota de raza mediana destina USD 45–50 mensuales sólo en alimento, eso equivale al 5-6 % del costo de la canasta (solo en ese ítem). Y si se suman servicios (paseos, hospedaje, accesorios), ese porcentaje podría subir. Además, esos gastos son recurrentes y tienen estacionalidades, lo que añade presión financiera.
Para muchos hogares, ese costo adicional ejerce presión sobre el presupuesto para salud, educación, ahorro e inversión.
¿Ha cambiado el perfil del gasto?
Sí, el perfil de gasto en mascotas ha evolucionado dramáticamente en pocos años:
De básico a premium
Ya no basta con comida estándar; los dueños buscan alimentos naturales, hipoalergénicos, suplementos nutricionales, productos orgánicos o especializados.
Tecnología e innovación
dispensadores automáticos, collares inteligentes, placas QR o tags, apps de seguimiento, dispositivos de monitoreo de salud.
Servicios complementarios
guarderías, paseadores, estética (spa para mascotas), adiestramiento o terapias especializadas.
Comercio digital
compras online, entregas (delivery pet), tiendas especializadas virtuales.
Construcción de identidad
para muchos, los animales ya no son mascotas, sino “miembros de la familia”, lo que legitima gastos emocionales y aspiracionales.
Estas transformaciones reflejan que el consumo en mascotas está menos dictado por necesidad básica y más por valores —afecto, cuidado, estatus, estilo de vida— que son comunes en las nuevas generaciones.
Riesgos y tensiones frente al patrimonio
El aumento del gasto en mascotas genera tensiones financieras reales. Para los hogares con recursos ajustados, lo que se destina a la mascota es un costo que compite contra otros objetivos: ahorro, inversión, pago de deudas, adquisición de vivienda o respaldo frente a emergencias.
Si el gasto en mascotas no se planifica en un presupuesto sostenible, puede formar parte de una espiral de consumo que erosiona capital, en lugar de construirlo. Las mascotas son importantes y generan bienestar emocional, pero cuando su mantenimiento roba liquidez crítica, la familia puede perder resiliencia financiera ante cambios inesperados (una crisis económica, desempleo, enfermedad).
Peor aún, los hogares podrían mantener niveles altos de gasto incluso aunque el ingreso no acompañe, acudiendo al crédito o ahorro precario para sostener el estilo de vida “pet friendly”.
postergar no es olvido
El fenómeno del “pet economy” en Ecuador es real y creciente. Casi todos los hogares potenciales tienen mascotas o aspiran a tenerlas, y consumen como lo harían con un hijo: gasto constante, emocional y consciente.
Pero ese consumo solo puede ser saludable dentro de una estrategia financiera clara: donde el gasto en mascotas conviva con el ahorro, la inversión y la construcción patrimonial. Las mascotas no deberían convertirse en un freno invisible al progreso financiero.
Para quienes enseñan finanzas, emprenden en servicios pet o diseñan políticas públicas, el desafío es este: reconocer que las mascotas ya son un componente central del consumo moderno, y actuar no solo emocionalmente, sino con educación financiera, diseño de productos adecuados (seguros, microseguros, planes “pet-friendly” de ahorro) y espacios donde ese gasto se integre sin desplazar la construcción del patrimonio.
Amor por tus mascotas, amor por tu futuro
Cuidar a una mascota es uno de los actos más nobles y gratificantes. Pero ese amor también merece ser equilibrado con responsabilidad financiera. Así como dedicas recursos a su bienestar diario, piensa también en tu yo del futuro: destina una parte de tu ingreso para crear primero un fondo de emergencia, que incluso puede salvarte de endeudarte si tu perro o gato enfrenta una hospitalización veterinaria.
Después de asegurar ese colchón, el siguiente paso es planificar metas con inversión: tu retiro, tu vivienda, tus sueños. Lo que no debes hacer es financiar la comida o los gastos corrientes de tu mascota con pagos mínimos en tarjeta de crédito; eso da una falsa sensación de liquidez, pero en realidad erosiona tu patrimonio sin que lo notes.
Invertir con conciencia no significa amar menos a tu mascota, significa garantizar que tú y tu compañero peludo estén protegidos y disfruten de un futuro con estabilidad y tranquilidad.









