Cuando hablamos de una empresa que administra fondos de inversión y, al mismo tiempo, estructuras fiduciarias, es natural que surja una pregunta: ¿qué pasa con mi dinero si una de las actividades enfrenta una situación compleja, una controversia contractual o incluso un proceso judicial? La pregunta es válida, y la respuesta comienza por entender algo fundamental: que dos actividades sean administradas por una misma compañía no significa que sean la misma cosa, ni que los recursos de una estructura formen parte de la otra.
En el mercado de valores existen diferentes vehículos jurídicos y financieros, cada uno creado para cumplir una finalidad específica: una administradora puede gestionar fondos de inversión y, al mismo tiempo, administrar fideicomisos mercantiles. Sin embargo, cada fondo, fideicomiso o estructura tiene su propia naturaleza, reglas, contratos, activos, obligaciones y finalidad. De hecho, el Reglamento General de la Ley de Mercado de Valores distingue expresamente ambas actividades. Por un lado, regula los fondos de inversión y establece que, antes de su promoción al público, los fondos administrados deben estar inscritos en el Registro de Mercado de Valores; por otro, dedica un título específico al fideicomiso mercantil y establece requisitos propios para este tipo de contratos. La diferencia no es simplemente de nombre sino estructuras diseñadas para resolver necesidades distintas.
¿Qué hace una fiduciaria?
Un fideicomiso mercantil es, en términos sencillos, una estructura creada alrededor de un contrato y de una finalidad determinada, que puede utilizarse para administrar proyectos inmobiliarios, estructurar garantías, administrar flujos, desarrollar proyectos, respaldar obligaciones, manejar activos o cumplir condiciones específicas acordadas entre sus participantes. Por eso, la actividad fiduciaria puede estar vinculada a operaciones complejas, ya que en un fideicomiso pueden participar promotores, inversionistas, acreedores, beneficiarios, proveedores, instituciones financieras y otros actores. Asimismo, puede haber contratos, obligaciones, activos, garantías y compromisos que, dependiendo de la naturaleza del negocio, eventualmente pueden generar controversias. Esto es importante porque tener procesos judiciales o controversias dentro de una actividad fiduciaria no significa, por sí mismo, que exista un problema con todos los negocios que administra una misma compañía.
La actividad fiduciaria administra estructuras creadas para propósitos específicos, por eso, una controversia relacionada con un fideicomiso debe analizarse en función de ese fideicomiso, sus contratos, sus obligaciones y sus participantes. No es correcto mirar una administradora como si todos los activos que gestiona fueran una sola “bolsa” de dinero.
¿Y qué hace un fondo de inversión?
Un fondo de inversión tiene una lógica diferente, ya que diferentes inversionistas participan en un vehículo de inversión y sus recursos son administrados conforme a una política y unas reglas previamente establecidas. El objetivo es administrar un portafolio de inversiones de acuerdo con las condiciones del fondo y en beneficio de sus partícipes; y el propio Reglamento General de la Ley de Mercado de Valores establece que los fondos administrados que manejan las administradoras de fondos y fideicomisos son los titulares de los portafolios representativos de las inversiones realizadas. Además, los fondos administrados deben estar inscritos en el Registro de Mercado de Valores antes de ser promocionados al público, lo que permite entender una diferencia esencial: la administradora es quien administra; el fondo es la estructura en la que se encuentran las inversiones de sus partícipes.
Es decir, la administradora no debe entenderse como la propietaria del dinero de los inversionistas, ya que su función es precisamente administrar esos recursos bajo las reglas aplicables y mantener la correcta gestión de las estructuras que están bajo su responsabilidad.
Entonces, ¿qué pasa si la misma empresa administra fiduciaria y fondos?
Aquí está el punto que suele generar confusión y vamos a explicarlos con ejemplos sencillos: imaginemos una compañía que tiene dos grandes líneas de negocio: por un lado la Fiduciaria: administra diferentes fideicomisos, cada uno con sus contratos, activos, obligaciones y finalidades y por el otro los Fondos de inversión, que administra fondos con portafolios de inversión pertenecientes a sus respectivas estructuras. El hecho de que ambas actividades estén dentro de una misma compañía no convierte todos esos recursos en un solo patrimonio. Más bien es parecido a tener diferentes departamentos dentro de una misma organización: que compartan una administración corporativa no significa que las operaciones de uno automáticamente pertenezcan al otro.
En el mercado de valores, esta separación es especialmente importante porque la actividad de administración de recursos de terceros requiere reglas, controles, información y supervisión. El Reglamento establece, por ejemplo, que las entidades participantes del mercado de valores están sujetas a vigilancia y control y que los organismos de supervisión pueden requerir información contable, económica, financiera, jurídica y administrativa. Esto no es un detalle administrativo sino parte de la lógica de un mercado regulado: los recursos y las estructuras administradas deben poder identificarse, controlarse y supervisarse de acuerdo con su naturaleza.
Una controversia fiduciaria no convierte al fondo en parte de esa controversia
Este es probablemente el mensaje más importante para un inversionista, porque parte de aprender a invertir es entender los conceptos regulatorios. Si un fideicomiso enfrenta una controversia contractual, un reclamo, una obligación pendiente o un proceso judicial, la existencia de esa situación no significa automáticamente que los recursos de un fondo de inversión administrado por la misma compañía estén involucrados en ese proceso. ¿Por qué? la razón es muy simple, ya que estamos hablando de negocios jurídicamente diferentes.
El fideicomiso tiene una finalidad específica y se rige por su contrato y por las normas que le son aplicables, el fondo de inversión, por su parte, tiene su propia estructura, reglas de funcionamiento y portafolio, por eso, no se debe confundir: la administradora con los patrimonios y estructuras que administra. La primera es la entidad que presta el servicio de administración, los segundos corresponden a vehículos y estructuras diferentes, cada uno con su propia finalidad y régimen. Esta distinción es justamente una de las razones por las cuales resulta tan importante que una administradora tenga procesos robustos de control, contabilidad, custodia, operación y gestión de riesgos.
Administrar bien significa, entre otras cosas, mantener las estructuras separadas
Cuando una persona entrega su dinero para ser invertido, deposita confianza no solamente en la rentabilidad potencial de una inversión, sino también en la capacidad de la administradora para manejar correctamente los recursos. Una buena administradora debe ser capaz de saber en todo momento:
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- qué recursos corresponden a cada fondo;
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- qué inversiones pertenecen a cada portafolio;
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- qué obligaciones corresponden a cada estructura;
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- qué operaciones se realizan por cuenta de cada vehículo;
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- y qué información corresponde entregar a cada participante.
La existencia de diferentes líneas de negocio no elimina esta responsabilidad, al contrario: hace todavía más importante contar con sistemas y procesos que permitan mantener claramente diferenciadas las operaciones, y aquí aparece una idea que vale la pena repetir: una administradora de fondos y fideicomisos no existe para mezclar recursos; existe para administrarlos correctamente, por lo que la separación no es un inconveniente operativo sino parte esencial de hacer bien el trabajo.
¿Significa esto que un fondo no tiene riesgos?
No, y ser transparentes con esto también es parte de una buena administración, ya que un fondo de inversión tiene riesgos propios. El valor de sus inversiones puede variar, pueden existir riesgos de mercado, de crédito, de liquidez u otros asociados al portafolio y a las inversiones que realiza. La tranquilidad para un inversionista no debería construirse sobre la idea de que “nunca puede pasar nada” sino que debe construirse sobre una idea mucho más seria: cada estructura tiene una naturaleza, unas reglas y unos riesgos propios, y esos riesgos no deben confundirse con los de otras estructuras que pueda administrar la misma compañía. Por eso, una situación judicial o contractual relacionada con un fideicomiso no debe interpretarse automáticamente como una afectación a los recursos de un fondo de inversión.
Cada caso debe analizarse según la estructura involucrada, sus obligaciones y el marco jurídico aplicable.
Una misma casa, diferentes estructuras
Podemos utilizar una analogía sencilla, pensemos en una administradora como una casa con diferentes habitaciones: la casa es una sola organización, con equipos, sistemas, tecnología, gobierno corporativo y controles comunes, pero dentro de esa casa existen diferentes estructuras. Una habitación puede contener la administración de fideicomisos y otra puede corresponder a fondos de inversión, y dentro de cada una existen diferentes estructuras y operaciones; así que estén bajo el mismo techo no significa que todo lo que está dentro sea una sola cosa.
Precisamente por eso, cuando se analiza una situación que afecta a una determinada estructura fiduciaria, la pregunta correcta no es simplemente: “¿La empresa tiene algún proceso judicial?” más bien la pregunta correcta es: “¿Qué estructura está involucrada, cuáles son sus obligaciones y qué recursos forman parte de ella?”
Esa es la diferencia entre mirar una organización únicamente desde su nombre corporativo y entender cómo funciona realmente una administradora de fondos y fideicomisos.
La confianza también está en la separación
El mercado de valores existe, entre otras cosas, para canalizar el ahorro hacia la inversión y el sector productivo: el propio Reglamento define al mercado de valores como el segmento del mercado de capitales que permite canalizar eficientemente el ahorro del público al sector productivo, para que ese sistema funcione, la confianza es fundamental, y la confianza no significa pensar que una empresa nunca enfrentará una controversia, ya que una compañía que participa en actividades complejas puede enfrentar reclamos, procesos o situaciones judiciales; eso, por sí solo, no determina la situación de todos los vehículos que administra.
La verdadera confianza está en saber que existen estructuras diferentes, reglas diferentes, obligaciones diferentes y controles destinados a preservar esa separación, por eso, que una empresa administre tanto fideicomisos como fondos de inversión no debe interpretarse como que ambos negocios son iguales. Al contrario, pues la capacidad de una administradora está precisamente en poder gestionar diferentes estructuras con reglas, objetivos y recursos diferenciados.
La pregunta que realmente importa
Cuando un inversionista escucha que una empresa administra fideicomisos y fondos de inversión, es normal que pregunte: “¿Mi inversión está expuesta a los problemas que pueda tener un fideicomiso?“, y la respuesta no debería ser una frase comercial ni una promesa absoluta, más bien debe ser:
Los fondos de inversión y los fideicomisos son estructuras diferentes, que sean administrados por una misma compañía no significa que sus recursos se mezclen ni que las obligaciones de una estructura se trasladen automáticamente a otra. Cada estructura debe analizarse de acuerdo con su propia naturaleza, documentación, obligaciones y marco regulatorio. Ese es precisamente el valor de una administradora especializada: administrar correctamente los recursos de terceros y mantener diferenciadas las estructuras que están bajo su responsabilidad.
Una administradora de fondos y fideicomisos no se mide solamente por cuántos vehículos administra sino por su capacidad para administrar cada uno de ellos correctamente, y cuando hablamos del dinero de los inversionistas, esa separación no es un detalle menos, sino una de las bases de una buena administración.















