Hay algo profundamente perturbador para un economista en el hecho de que alguien haya acertado el campeón de las últimas tres Copas del Mundo usando variables que ningún comentarista deportivo mencionaría jamás en un panel de análisis y que sin embargo el mercado de apuestas siga ignorando el modelo como si no hubiera pasado nada como si tres aciertos consecutivos no fueran exactamente el tipo de señal que cualquier gestor de portafolios estaría obligado a tomar en serio. Ese alguien es Joachim Klement y el banco de inversión desde donde publica sus predicciones se llama Panmure Liberum y la historia de cómo llegó a pronosticar al campeón del mundo con un modelo económico es en sí misma una parábola perfecta sobre los límites del conocimiento y sobre cómo la suerte y la estructura se mezclan en proporciones que la mayoría de los analistas no están dispuestos a reconocer públicamente.
Klement es estratega jefe de Panmure Liberum, un banco de inversión británico, y su reputación en los mercados financieros se construyó sobre el análisis de tendencias complejas y la interpretación de datos macroeconómicos para orientar decisiones de inversión que nada tienen que ver con quién gana el partido del domingo. Pero hace doce años, antes del Mundial de Brasil 2014, decidió hacer algo que él mismo describió como un ejercicio de humildad forzada para demostrarle al mundo que los economistas creen que pueden predecir absolutamente todo incluso cuando no tienen ni idea y ocurrió lo peor acertó tres veces con ese modelo y desde entonces el ejercicio que nació como una crítica irónica a la soberbia de su propia profesión se convirtió en uno de los informes más leídos que publica y en una predicción que el mundo financiero y deportivo espera cada cuatro años con una mezcla de curiosidad intelectual y escepticismo bien justificado.
Su modelo mezcla variables socioeconómicas que incluyen el PIB per cápita, el tamaño de la población, la temperatura promedio del país, la ventaja de ser sede y los puntos del ranking FIFA y con esa combinación inusual llega a conclusiones que desafían tanto a los algoritmos deportivos como a los mercados de apuestas. Con estas variables logra explicar alrededor del 55% de la variación en el éxito de las naciones en un Mundial aunque eso significa que el 45% restante del resultado está determinado por la suerte y este reconocimiento es quizás lo más valioso de todo el ejercicio porque Klement no intenta ocultar la incertidumbre estructural del sistema sino que la incorpora explícitamente como una variable más lo cual lo distingue de la mayoría de los modelos predictivos que se construyen sobre la falsa promesa de eliminar el azar cuando en realidad lo único que hacen es esconderlo bajo capas de ecuaciones.
Lo que hace que el modelo sea intelectualmente provocador no es el resultado sino el razonamiento que hay detrás porque la pregunta implícita es si el fútbol de alto nivel es en realidad más parecido a la economía que al deporte. Y la respuesta que sugiere Klement sin decirla explícitamente es que sí que un torneo como la Copa del Mundo no es solo una competición atlética sino una expresión concentrada del desarrollo humano de los países que participan en él que el tamaño de la economía determina cuántos niños tienen acceso a infraestructura deportiva cuántos clubes pueden financiar academias de formación cuántas familias pueden sostener a un hijo que entrena cinco días a la semana en lugar de trabajar cuántas horas de tiempo libre tiene la clase media para invertir en cultivar jugadores que eventualmente lleguen a una selección nacional. El PIB per cápita no mide goles pero mide el ecosistema que los produce y eso es exactamente lo que Klement está capturando con su modelo.
La temperatura media del país es otro elemento que parece excéntrico hasta que uno lo piensa con detenimiento porque las naciones con climas temperados tienen condiciones históricamente más favorables para el desarrollo de culturas deportivas de exterior lo cual se traduce en décadas de práctica acumulada que no aparece en ningún ranking técnico pero que sí aparece en los resultados de los torneos cuando se los analiza en series de tiempo largas. La ventaja de ser sede es una variable que los estadísticos deportivos reconocen pero que en el modelo de Klement adquiere una dimensión diferente porque no solo captura el efecto del público local sino también el beneficio logístico económico y emocional de no tener que viajar de no tener que adaptarse a una zona horaria diferente de no perder días de sueño en aviones de no jugar con valijas en la cabeza y todo eso tiene un costo medible aunque nadie en una transmisión deportiva lo mencione.
En este contexto el historial se vuelve imposible de ignorar. El banco de inversión predijo que Alemania ganaría en Brasil 2014 que Francia ganaría en Rusia 2018 y que Argentina triunfaría en Qatar 2022 y en los tres casos el modelo apuntó al campeón en un deporte donde la varianza es tan alta que incluso los mejores equipos del mundo pueden caer eliminados por un rebote en el segundo palo o por una lesión en el minuto veintiocho del primer tiempo. Tres aciertos consecutivos en un evento de cuarenta y ocho selecciones que se juega cada cuatro años no es un número que permite descartar el modelo como coincidencia a menos que uno esté dispuesto a ignorar las matemáticas básicas de la probabilidad y Klement lo sabe perfectamente y es por eso que escribe en tono irónico y con descargos de responsabilidad porque sabe también que la mejor defensa contra el exceso de confianza es recordar públicamente que el 45% del resultado es suerte y que ningún modelo puede cambiar eso.
Para el Mundial 2026 que se disputará en Estados Unidos Canadá y México el modelo de Panmure Liberum apunta a los Países Bajos como campeón y a Portugal como finalista y esta predicción es notable por varias razones. Los propios mercados de apuestas le asignan apenas un 3% de probabilidad a los Países Bajos y un 7% a Portugal como ganadores del torneo mientras que España aparece como favorita seguida por Inglaterra Francia y Brasil lo cual implica que el modelo de Klement no solo llega a una conclusión diferente al consenso del mercado sino que lo hace de forma estructural y no como un pronóstico de valor relativo sino como la consecuencia lógica de las variables que integra. Y aquí es donde la conversación se pone interesante para cualquier analista financiero porque en los mercados el consenso es exactamente donde el retorno ajustado al riesgo es más bajo y las predicciones que tienen mayor potencial de generar valor son precisamente las que el mercado descuenta sin haber analizado bien.
Los Países Bajos tienen un PIB per cápita que se ubica entre los más altos del mundo que ronda los USD 60.000 anuales una estructura de clubes de fútbol extremadamente profesionalizada con el Ajax como ejemplo histórico de desarrollo de talento propio y un sistema de formación que produce jugadores técnicamente sofisticados de manera sistemática. No son un país grande en términos de población con apenas 17 millones de habitantes pero esa variable se compensa en el modelo con la densidad económica y con la temperatura del norte de Europa que históricamente ha favorecido culturas de juego colectivo disciplinado y de resistencia física, y tienen algo más que el modelo no captura explícitamente pero que cualquier analista de fútbol agregaría como variable cualitativa: la deuda histórica pendiente de 1974 y de 1978 y de 2010 cuando llegaron a tres finales sin poder ganar ninguna y ese tipo de presión narrativa no tiene precio en ninguna ecuación pero tampoco es despreciable cuando se trata de motivación colectiva.
El modelo también predice que Japón eliminará a Brasil en la ronda de 32 lo cual Klement describe como uno de los mayores upset de la historia del torneo y esta predicción adicional es reveladora porque muestra que el modelo no solo produce un ganador sino que genera una visión coherente de la distribución de capacidades a lo largo del cuadro y Japón es un caso fascinante desde el punto de vista económico porque combina un PIB per cápita alto con una cultura de disciplina colectiva y con décadas de inversión sistemática en infraestructura deportiva que han cambiado la naturaleza del fútbol japonés desde los años noventa hasta hoy y ese proceso es esencialmente un proceso económico e institucional antes de ser un proceso deportivo.
El caso Argentina en el modelo tiene su propia lógica que merece atención. Según el informe el equipo de Scaloni llegaría a cuartos de final donde enfrentaría a Portugal y Klement no es piadoso con el análisis porque señala que Argentina sigue dependiendo de una figura veterana en referencia directa a Messi y que Portugal tiene más amplitud y profundidad de plantel y que si Ronaldo se hace a un lado Portugal debería ganar. Esta lectura es clínicamente correcta desde el punto de vista estructural porque el modelo captura que Argentina con un PIB per cápita que ronda los 13.000 dólares en términos ajustados y con una economía que lleva años en contracción tiene un ecosistema de formación de talentos bajo una presión estructural que no tiene comparación con la de los países del norte de Europa o con la de Portugal que combina su propio mercado con el acceso a la diáspora de futbolistas en las ligas más ricas del mundo.
Lo más honesto de todo lo que ha producido Klement alrededor de este modelo es quizás lo que escribió en su substack al momento de publicar las predicciones de este año cuando dijo que después de acertar tres veces en fila fue inundado de pedidos para predecir también los Euros y los Juegos Olímpicos y la Copa del Rugby y que eso le pareció exactamente el problema porque lo que comenzó como una demostración de la soberbia de los economistas se estaba convirtiendo en la prueba de esa misma soberbia con él mismo como protagonista y esa conciencia reflexiva es rara y vale la pena señalarla porque en los mercados financieros y en el análisis deportivo la mayoría de los que aciertan tres veces seguidas no se preguntan si tuvieron suerte sino que empiezan a construir una narrativa sobre su genialidad que es exactamente el tipo de sesgo cognitivo que los buenos economistas deberían estar entrenados para resistir.
El modelo es el modelo como dijo Klement y eso significa que es una herramienta que captura estructuras reales del mundo que habitualmente son invisibles en el análisis deportivo que nos recuerda que el fútbol no ocurre en un vacío sino que ocurre en países con historias económicas con distribuciones de ingreso con acceso diferencial a nutrición y formación y tiempo libre y que todo eso se acumula durante décadas antes de que alguien levante una copa frente a millones de personas y la economía que normalmente lleva traje y habla de tasas de interés resulta que también sabe de goles aunque reconozca honestamente que el 45% de los mismos siguen siendo pura suerte.














