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La generación que hizo “todo bien” y la que nació con las reglas cambiadas

jovenes inversiones

En los años 70, la vida adulta tenía una coreografía predecible. Te casabas temprano, a veces antes de los 25. Con un solo ingreso podías comprar tu primera casa; a veces bastaba un título universitario, y en muchos casos, ni siquiera eso. Conseguías un trabajo “estable”, lo mantenías tres décadas o más, construías pensión y, con disciplina, alcanzabas la tan mencionada independencia financiera. Era un mundo donde la promesa era clara: si hacías lo correcto, te iba bien. Y es precisamente desde ese recuerdo —que para muchos boomers funciona como punto de comparación— que nacen los mitos más repetidos sobre la generación actual:“Gasta demasiado en lattes”, “se endeudan por suscripciones”, “si no compran casa es porque no ahorran”, “en mis tiempos hacíamos café en casa y veíamos televisión pública”.

Pero ese mundo ya no existe. Y tampoco existen las condiciones que lo hicieron posible.

Un mercado inmobiliario que envejeció con sus compradores

Los datos del New York Times, basados en la National Association of Realtors, muestran una transformación histórica en Estados Unidos (que refleja tendencias globales): la edad del comprador de vivienda por primera vez pasó de 28 años en 1991 a 40 años en 2025. Nunca antes comprar una casa fue tan tardío. Mientras tanto, los compradores repetitivos —personas que venden una casa para comprar otra— tienen en promedio 62 años. Lo que implica algo clave: los jóvenes ya no compiten entre ellos; compiten contra el patrimonio acumulado de generaciones anteriores.

Comprar casa a los 25 ya no es signo de disciplina financiera. Es, más bien, un privilegio temporal de una generación que vivió precios bajos, salarios en ascenso y un mercado laboral estable. Así lo refleja este estudio del NYT que publicó un estudio de cómo se ha envejecido el público que adquiere su primera vivienda, respecto a periodos en el pasado.

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Tecnología, el falso culpable

Otro de los mitos más repetidos es que los jóvenes “no tienen casa porque compran celulares caros”. Pero la realidad es exactamente la opuesta: la tecnología es hoy más barata que nunca. Un televisor color podía costar en los 70 el equivalente a más de un mes de salario. Un computador personal en los 90 era un lujo de miles de dólares. Hoy, un smartphone —que reemplaza TV, radio, cámara, mapas, biblioteca, agenda y oficina— cuesta menos que un refrigerador. Los jóvenes no eligieron “comprar gadgets en vez de casas”. Lo que eligieron fue adaptarse al mundo digital que, además, es condición para trabajar, estudiar, emprender y hasta realizar trámites. La narrativa de “gastan en lattes y por eso no tienen casa” es simplista. No explica la inflación inmobiliaria, la caída real de los salarios, ni el cambio estructural del mercado laboral.

Salarios que no acompañan el costo de vida

Aquí aparece el punto más crítico: los jóvenes ganan menos que sus padres a la misma edad. Según Bloomberg Línea, los jóvenes latinoamericanos están cada vez más lejos de la independencia económica que tuvieron sus padres. Entre 2000 y 2024, el crecimiento salarial fue inferior al crecimiento del costo de vida. La vivienda subió más rápido, la educación también, y la estabilidad laboral nunca volvió a los niveles de los 80 y 90. Es decir, no es que los jóvenes gastan más, es que ganan menos y enfrentan bienes esenciales más caros. La ecuación patrimonial ya no es lineal como lo era hace 40 años.

La nueva realidad: independencia tardía, pero no por elección

Mientras los boomers compraron casas en mercados accesibles y se jubilaron con beneficios claros, los jóvenes actuales enfrentan:

    • Sueldos iniciales más bajos.

    • Mayor competencia laboral.

    • Servicios esenciales más costosos.

    • Créditos hipotecarios más duros de conseguir.

    • Cero garantías de estabilidad laboral a largo plazo.

No es falta de disciplina: es un entorno estructuralmente distinto, en el que el joven promedio actual necesita más años para formar patrimonio, acceder a vivienda o lograr independencia financiera. No porque decidió tomar café fuera de casa, sino porque vive en una economía menos amable con quien empieza desde cero.

El mito se rompe con datos, no con nostalgia

La frase “los jóvenes no logran lo que nosotros logramos” se ha repetido tanto que parece verdad… hasta que revisas los datos. La nostalgia pinta los años 70 y 80 como una época donde el esfuerzo garantizaba movilidad, pero esa movilidad estaba sostenida por salarios que crecían junto con el costo de vida, viviendas cuyo precio representaba apenas dos o tres años de ingreso y trabajos que ofrecían estabilidad casi automática. Hoy, en cambio, los salarios reales se han estancado, la vivienda se valorizó muy por encima de lo que gana un profesional promedio y el mercado laboral se volvió un terreno hipercompetitivo que castiga no solo la inexperiencia, sino la falta de redes, movilidad y capital. Culpar a los jóvenes por no comprar casa a los 25 es ignorar que el tablero completo fue reconfigurado.

Además, muchos de los supuestos “lujos” que se citan como culpables —celulares, computadoras, servicios digitales— no existían antes como necesidad. Hoy no son caprichos: son el costo de participar en la economía moderna, estudiar, trabajar o emprender. Mientras tanto, los compradores de generaciones anteriores compiten hoy en el mismo mercado con una ventaja estructural: décadas de acumulación patrimonial, hipotecas antiguas con tasas bajas y activos valorizados. No es que los jóvenes rompieron el sistema; es que heredaron uno que dejó de funcionar con las reglas que premiaron a las generaciones anteriores. Y hasta que entendamos eso, seguiremos analizando el presente con lentes de un pasado que ya no existe.

Invertir es clave en cualquier generación

Aun así, en medio de un sistema más duro y menos predecible, hay una verdad que no cambia con generaciones: invertir es el único camino probado para construir oportunidades patrimoniales reales. No importa si los salarios avanzan lento o si la vivienda es más costosa; quien invierte aprende a poner el tiempo de su lado, a usar la disciplina como ventaja y a generar crecimiento incluso cuando el entorno no ayuda. Para los jóvenes, entender cómo funcionan los ciclos económicos, la liquidez y los instrumentos de inversión no es un lujo: es una estrategia de supervivencia financiera. Y aunque el tablero haya cambiado, la posibilidad de crear patrimonio sigue viva para quien aprende a mover sus piezas con visión, paciencia y método.

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