El mundo financiero está lleno de consejos que ayudan a entender el dinero como un instrumento para crecer el patrimonio. Y en esta evolución está la importancia de entender la deuda buena de la mala, y cómo seguir el juego de los bancos para competir en mejores ligas para construir patrimonio. En este contexto hablaremos sobre la diferencia entre deuda buena y deuda mala, sus diferencias, ejemplos y cómo manejarlas para que tu camino hacia ser un inversor inteligente que entienda el dinero como una herramienta que trabaja para sí mismo.
En este punto, y si es un tema que ignorabas, seguro te estarás preguntando qué son las deudas buenas y malas y cómo identificarlas. La mejor forma de diagnosticar tus deudas solo necesitas preguntarte ¿Qué beneficio tengo con esta deuda? Si sacaste un crédito de consumo, a una tasa del 15%, a un año, en el que después del viaje seguirás pagando por muchos meses, un recuerdo que ya pasó: eso es una deuda mala, porque no tiene un retorno, a pesar de todos esos buenos recuerdos que quedaron del viaje. No obstante, si tu deuda es para pagar una maestría que te traerá opciones de crecimiento profesional para incrementar ingresos, entonces es una deuda buena, siempre y cuando tengas rentabilidad. O por ejemplo, comprar un auto y hacer Uber en tiempos muertos, como mientras estás en la oficina, en vez de estar parqueado todo el día desvalorizándose, sacar provecho a través de estas plataformas de movilización es convertir la compra de ese auto en una deuda buena.
¿Qué es la deuda buena?
La deuda buena es la que te ayuda a generar ingresos o a incrementar tu patrimonio en el largo plazo, como la anterior explicación de comprar un auto para generar ingresos a través de Uber.
A diferencia de la deuda que solo genera gastos, esta se destina a inversiones que pueden valorizarse o generar un retorno.
Las características de una deuda buena incluyen un interés manejable, un propósito que agregue valor a tus finanzas (como estudios o una propiedad), y un plazo adecuado que te permita manejar los pagos, sin perder rentabilidad sobre tu patrimonio. Un beneficio clave es que, bien utilizada, puede multiplicar tu capital y mejorar tu estabilidad financiera. Un ejemplo clásico es una hipoteca para comprar una propiedad: a lo largo del tiempo, el inmueble puede aumentar su valor y, en caso de alquiler, incluso generar ingresos adicionales.
¿Qué es la deuda mala?
La deuda mala es aquella que no genera ingresos ni aumenta tu patrimonio, sino que se destina a gastos que pierden valor rápidamente. Esto afecta negativamente las finanzas. Sus características son tasas de interés altas y propósitos de consumo inmediato, como compras innecesarias o impulsivas que no aportan valor a largo plazo. En general, este tipo de deuda no te lleva beneficios económicos y te limita la capacidad de ahorrar o invertir en el futuro.
Un ejemplo típico de deuda mala es financiar compras de ropa o equipos tecnológicos con tarjeta de crédito sin tener un plan para pagar el saldo completo al final del mes. Otro ejemplo es solicitar un crédito de consumo para pagar un viaje: el viaje idealmente debe ser pagado con ahorros, rendimientos de inversiones o con tu tarjeta de crédito de forma corriente, para ganar millas sobre el mismo consumo del viaje.
Preguntas relevantes para entender la deuda buena de la deuda mala
Y si pago mi seguro con tarjeta de crédito qué tipo de deuda es?
Pagar un seguro con tarjeta de crédito puede considerarse “deuda buena” si se gestiona adecuadamente. Esto ocurre cuando el seguro es una inversión en protección financiera, como un seguro de auto o de salud, que te ayuda a reducir riesgos importantes. Sin embargo, para que realmente sea una “deuda buena,” es clave que el pago con tarjeta se realice a tiempo y sin intereses. Así, aprovechas los beneficios del seguro sin generar cargos adicionales. Pero, si el saldo no se paga completo y se acumulan intereses, entonces podría convertirse en “deuda mala,” ya que los intereses aumentan el costo total del seguro sin aportar un beneficio adicional.
Si ahorro en mi alcancía para ese viaje que tanto deseo y lo pago con tarjeta de crédito usando ese dinero…
En este caso se está cometiendo un error financiero básico. Las personas inteligentes financieramente entienden la diferencia entre ahorro e inversión. La principal diferencia entre ahorrar e invertir radica en cómo se utiliza el dinero a lo largo del tiempo. Ahorrar implica guardar el dinero en una cuenta (o peor aún en una alcancía), lo que te permite tenerlo disponible. Sin embargo, el dinero ahorrado suele generar poco o nulo interés, lo que puede hacer que pierda valor con el tiempo debido a la inflación, es decir, los precios suben pero tus ahorros no crecen lo suficiente para mantener su poder adquisitivo.Por otro lado, invertir es una forma de hacer que tu dinero crezca. Al ponerlo en activos como un fondo de inversión por ejemplo, puedes generar rendimientos que superen la inflación y aumenten tu capital, permitiéndote alcanzar metas financieras más grandes a largo plazo. Para ese viaje soñado lo correcto es abrir un fondo, existen fondos de inversión que pueden abrirse desde $1 en Ecuador, y cada que tengas nuevos ingresos puedes aportar al monto para seguir ganando rentabilidad. De esa forma, ese ahorro para el viaje gana rentabilidad mientras realizas ese viaje, que puedes pagar con tarjeta de crédito para ganar millas de ese mismo consumo.











