Antes de empezar este texto quiero excusarme, porque el título es justamente lo que siempre he batallado en periodismo, ese populismo de los títulos que invitan al clic bait; y en Fideval eso no nos representa. Sin embargo, tal cual como lo menciona el título es data de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que debería darnos una idea de lo mal que estamos en finanzas, incluso la población adulta, en especial en América Latina; así que bajo ese precepto empezamos esta nota de cara al mes de la educación financiera que se celebra en octubre.
La educación financiera se ha convertido en una habilidad cada vez más necesaria para desenvolverse en una economía marcada por la digitalización, nuevos productos de inversión y decisiones financieras que comienzan a edades tempranas, pero los datos internacionales muestran una brecha importante entre conocer conceptos básicos y saber utilizarlos para tomar mejores decisiones sobre el dinero. La Encuesta Internacional de Alfabetización Financiera de Adultos 2023 de la OCDE/INFE, realizada en 39 economías y con más de 68.000 participantes, encontró que el 84% de los adultos comprende qué significa la inflación, mientras apenas el 42% logra resolver correctamente un cálculo de interés compuesto, una diferencia que evidencia que reconocer un concepto financiero no necesariamente implica saber aplicarlo en decisiones de ahorro e inversión, como lo indica OECD.
Los resultados adquieren especial relevancia porque el interés compuesto está directamente relacionado con decisiones financieras de largo plazo, desde comprender cómo puede crecer un ahorro hasta evaluar el costo acumulado de una deuda, mientras que otros conocimientos igualmente importantes tampoco están plenamente extendidos entre la población: aunque el 84% entiende el efecto de la inflación sobre el costo de vida, solo el 63% responde correctamente preguntas relacionadas con el valor del dinero en el tiempo, el 59% comprende adecuadamente la importancia de la diversificación para reducir riesgos y el promedio general de alfabetización financiera entre las economías analizadas alcanza apenas 60 puntos sobre 100, según datos de OECD.
Conocer de dinero tampoco significa comportarse mejor con el dinero
La investigación de la OCDE permite observar una segunda brecha, esta vez entre conocimiento y comportamiento, porque mientras siete de cada diez adultos aseguran analizar cuidadosamente si pueden pagar algo antes de comprarlo, únicamente el 26% compara productos financieros entre diferentes proveedores antes de tomar una decisión, un dato especialmente relevante en un mercado en el que las personas tienen acceso a una oferta creciente de cuentas, créditos, seguros, inversiones y servicios financieros digitales.
La diferencia también aparece cuando se busca ayuda para decidir, ya que los datos de la encuesta muestran que apenas alrededor de una cuarta parte de los adultos recurre a fuentes independientes de asesoramiento financiero, lo que refuerza la importancia de desarrollar habilidades que permitan no solo acceder a información, sino interpretarla, contrastarla y convertirla en decisiones concretas sobre ahorro, endeudamiento, inversión y protección patrimonial, tal cual se indica en este link.
La OCDE señala, además, que existe una relación entre alfabetización financiera y bienestar económico individual, pues después de considerar características socioeconómicas de las personas, los adultos con mejores puntuaciones de alfabetización financiera presentan también mayores niveles de bienestar y resiliencia financiera, entendida esta última como la capacidad para enfrentar imprevistos y tensiones económicas sin comprometer de manera inmediata su estabilidad.
El problema comienza antes de llegar a la vida adulta
La brecha no aparece únicamente cuando las personas empiezan a trabajar, solicitar créditos o invertir, sino que ya puede observarse entre adolescentes que participan activamente de la economía digital, según los resultados de PISA 2022, evaluación que analizó los conocimientos financieros de estudiantes de 15 años en 20 países y economías, entre ellos 14 miembros de la OCDE y seis economías asociadas.
En promedio, entre los países de la OCDE participantes, el 18% de los estudiantes se ubicó en los niveles más bajos de alfabetización financiera, frente a un 11% que alcanzó el nivel más alto, una distancia particularmente importante porque quienes se encuentran por debajo del nivel básico pueden reconocer conceptos financieros comunes, distinguir entre necesidades y deseos o tomar decisiones sencillas de gasto, pero todavía presentan dificultades para aplicar esos conocimientos a situaciones financieras menos inmediatas, mientras los estudiantes de mayor desempeño pueden analizar productos financieros complejos y resolver problemas financieros no rutinarios.
Esta falta de conocimientos ocurre, además, cuando los adolescentes ya están tomando decisiones reales con dinero, puesto que aproximadamente seis de cada diez estudiantes de 15 años de los países de la OCDE evaluados tienen una cuenta bancaria, una tarjeta de pago o una tarjeta de débito, mientras más del 85% había realizado al menos una compra por internet durante los doce meses anteriores a la evaluación, lo que significa que la exposición al sistema financiero y al consumo digital puede producirse antes de que se hayan desarrollado plenamente las herramientas necesarias para comprender sus consecuencias.
Los datos también muestran que el conocimiento puede traducirse en comportamientos concretos, ya que los estudiantes con mejores competencias financieras presentan conductas más orientadas hacia el futuro y, según PISA 2022, quienes obtienen un alto desempeño son 72% más propensos a ahorrar que quienes tienen un desempeño bajo y 50% más propensos a comparar precios entre diferentes establecimientos antes de realizar una compra.
La educación financiera pasa de enseñar conceptos a enseñar decisiones
El desafío para gobiernos, instituciones educativas y actores del sistema financiero consiste, por tanto, en avanzar desde una educación centrada exclusivamente en explicar conceptos hacia una que permita utilizarlos en situaciones cotidianas, porque saber definir inflación tiene un alcance limitado si una persona no comprende cómo esa inflación reduce el poder adquisitivo de sus ahorros, de la misma manera que conocer qué es una tasa de interés resulta insuficiente si no puede calcular cómo el interés compuesto modifica el valor de una inversión o de una deuda a través del tiempo.
Esta necesidad se ha vuelto más relevante con la expansión de los servicios financieros digitales y con la creciente complejidad de los productos disponibles para los consumidores, razón por la cual la OCDE considera la evaluación periódica de los niveles de alfabetización financiera como una herramienta para identificar brechas y desarrollar políticas públicas basadas en evidencia, mientras promueve estrategias nacionales, programas dirigidos a poblaciones vulnerables y proyectos de educación financiera capaces de responder a las nuevas formas en que las personas administran su dinero.
La conclusión que dejan los datos no es que las personas desconozcan por completo cómo funciona el dinero, sino que existe una distancia considerable entre manejar nociones financieras elementales y disponer de las herramientas necesarias para convertirlas en decisiones de largo plazo, una brecha que comienza durante la adolescencia y continúa en la edad adulta, precisamente cuando las decisiones sobre ahorro, crédito, seguros e inversión empiezan a tener consecuencias cada vez mayores sobre el patrimonio y la capacidad de enfrentar imprevistos.
Fuente: OECD/INFE International Survey of Adult Financial Literacy 2023 y PISA 2022 Results, Volume IV.













