No todo el dinero que dejas en tu cuenta bancaria se usa para otorgar créditos o financiar proyectos. Una parte importante —a veces invisible para el público— se guarda como reserva o activo compensatorio, un colchón financiero que asegura que el sistema no colapse cuando llega una crisis. Así como una familia guarda ahorros en caso de emergencia, los bancos deben mantener una parte de sus recursos “quietos” o invertidos en instituciones seguras —como el Banco Central del Ecuador (BCE), el Bank of America o JP Morgan— para poder responder a imprevistos y mantener la confianza de los depositantes. Esta práctica no solo es prudente: es una obligación regulatoria.
¿Qué son los activos compensatorios?
Los activos compensatorios son los fondos que las instituciones financieras mantienen depositados en otras entidades bancarias —dentro o fuera del país— como respaldo de su operación. En Ecuador, el Banco Central exige a los bancos locales mantener una parte de sus depósitos como reserva obligatoria. Además, muchos bancos complementan esta protección con cuentas en el exterior, en entidades globalmente sólidas, para diversificar su riesgo. Esto significa que, aunque un banco local tenga miles de millones en depósitos, no puede usarlos todos para otorgar préstamos. Parte se destina a estas reservas, que sirven como escudo de liquidez y garantía ante sus clientes y autoridades.
En la práctica, los activos compensatorios funcionan como una red de seguridad del sistema financiero: cuando la liquidez se tensa, estos recursos permiten a los bancos responder a retiros masivos, cubrir obligaciones y evitar una crisis de confianza.
Cómo se comportan los activos compensatorios en Ecuador
En los últimos años, los activos compensatorios del sistema financiero ecuatoriano han mostrado una evolución coherente con los ciclos de liquidez global y local. Durante los períodos de mayor flujo de dólares hacia el país —por exportaciones petroleras, remesas o financiamiento externo— los bancos locales incrementan sus reservas en el exterior. En momentos de menor liquidez, tienden a repatriar esos fondos para sostener su capacidad de crédito interno.
Según datos del Banco Central del Ecuador, las reservas internacionales y los depósitos de las instituciones financieras en el exterior forman una parte clave de la liquidez del país. Estas reservas crecieron con fuerza después de 2016, cuando el sistema financiero aprendió la importancia de tener un “paraguas financiero” tras la combinación del terremoto de Manabí y la caída del precio del petróleo.
El rol de los bancos internacionales: el caso de JPMorgan
Entre los actores internacionales que respaldan la estabilidad del sistema financiero ecuatoriano está JPMorgan Chase, una de las entidades más grandes y sólidas del mundo. Su relación con Ecuador es diversa y estratégica: combina crédito, asesoría y gestión de inversión.
Créditos a bancos locales
En marzo de 2024, JPMorgan otorgó un crédito por USD 63 millones al Banco Pichincha de Colombia, una operación diseñada para refinanciar un préstamo con su matriz ecuatoriana y optimizar la estructura financiera del grupo. Este tipo de transacciones, conocidas como operaciones de sustitución de deuda, permiten a los bancos mejorar sus condiciones de fondeo —plazos, tasas o moneda— y fortalecer su posición de liquidez ante escenarios de volatilidad internacional.
Más allá del monto, esta operación tuvo un significado simbólico y estratégico: representó un voto de confianza del sistema financiero global en la solidez de las instituciones ecuatorianas. En un entorno donde los flujos de crédito externo suelen concentrarse en economías más grandes o estables, que un actor como JPMorgan financie a un grupo con presencia ecuatoriana demuestra la creciente integración de Ecuador en el mapa financiero internacional. Además, consolida un puente de liquidez que beneficia tanto a la banca local —que gana respaldo y reputación— como al país en general, al mantener abiertos los canales de financiamiento en dólares que sostienen la actividad económica y la estabilidad del sistema.
Recomendaciones de inversión
En agosto de 2023, antes de las elecciones anticipadas en Ecuador, JPMorgan sorprendió al recomendar comprar bonos de la deuda soberana ecuatoriana, una señal poco común en medio de la incertidumbre política que atravesaba el país. Su análisis partía de una lectura técnica y estratégica: los precios de los bonos ecuatorianos estaban castigados por el riesgo electoral, pero ofrecían un rendimiento muy superior al promedio regional, lo que representaba una oportunidad de entrada para los inversionistas con visión de mediano plazo.
El mensaje de JPMorgan fue interpretado como un voto de confianza hacia la resiliencia económica del país, especialmente frente a su manejo fiscal y su compromiso con la dolarización. Tras la recomendación, los bonos ecuatorianos experimentaron un repunte temporal en su cotización y una reducción en el diferencial del riesgo país, lo que evidenció cómo la percepción internacional puede influir directamente en la liquidez y el costo del financiamiento soberano. En otras palabras, cuando una entidad global como JPMorgan ve valor en la deuda ecuatoriana, el mercado global escucha, y el impacto se refleja no solo en los precios, sino también en la credibilidad económica del país.
Banca privada y gestión de patrimonio
A través de sus oficinas en Estados Unidos y Suiza, JPMorgan también administra portafolios de inversión para individuos y familias latinoamericanas, incluidos ecuatorianos de alto patrimonio que buscan diversificar sus activos fuera del país. Estos servicios de banca privada incluyen asesoría en inversiones globales, manejo de riesgos, planificación patrimonial y acceso a instrumentos financieros que normalmente no están disponibles en el mercado local.
Este tipo de relación evidencia cómo los flujos financieros internacionales están cada vez más interconectados con la economía ecuatoriana, incluso a nivel personal. Los capitales no se mueven solo entre gobiernos o grandes corporaciones, sino también entre personas que confían en instituciones globales para proteger y hacer crecer su patrimonio. En última instancia, esta dinámica refleja un fenómeno más amplio: la integración de Ecuador en los circuitos financieros internacionales, donde la estabilidad macroeconómica y la confianza en el sistema local determinan cuánto de ese capital decide quedarse, regresar o salir.
Medición del riesgo país
Finalmente, JPMorgan es el creador del EMBI Ecuador, un índice que mide el riesgo país, es decir, cuánto más caro le cuesta a Ecuador conseguir financiamiento frente a economías consideradas seguras como Estados Unidos.
El EMBI compara el rendimiento de los bonos ecuatorianos con el de los bonos del Tesoro estadounidense (que son el punto de referencia global). Si el EMBI sube, significa que los inversionistas perciben mayor riesgo y exigen una tasa más alta para prestar dinero al país. Si baja, la confianza mejora y el costo del financiamiento se reduce.
Este indicador tiene un efecto dominó: cuando el riesgo país es alto, el Estado paga más por endeudarse, los bancos enfrentan mayores costos de fondeo y, en consecuencia, las tasas de interés internas también tienden a subir. Por eso, entender el EMBI es entender el termómetro de la confianza económica: refleja cómo nos ven los mercados internacionales y cuánto cuesta sostener la liquidez del país.
Por qué estos activos son esenciales para la economía
En un país dolarizado como Ecuador, donde no existe un banco central que emita moneda para rescatar a los bancos en caso de crisis, los activos compensatorios son aún más importantes. Garantizan que, ante una eventual salida de depósitos o un shock externo, las entidades puedan responder sin depender de nueva emisión de dinero. Además, estas reservas fortalecen la confianza internacional. Cuando bancos globales como JPMorgan, Bank of America o Citi mantienen relaciones activas con entidades ecuatorianas, se amplían las líneas de crédito, se reduce el riesgo sistémico y se mejora la reputación del país frente a los mercados.
el valor de lo que no se ve
En los balances financieros, los activos compensatorios no generan titulares, pero son el cimiento silencioso de la estabilidad. Gracias a ellos, los bancos pueden enfrentar crisis de liquidez, los depositantes pueden dormir tranquilos y el sistema financiero mantiene su credibilidad. En palabras simples: no todo el dinero que depositas está disponible para prestar. Una parte está donde debe estar: esperando el momento en que la economía necesite un salvavidas. Ese respaldo invisible es el que sostiene la confianza, la estabilidad y el crecimiento.













