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Del sueño al crédito: la evolución del mercado VIS y VIP en Ecuador

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 Durante dos décadas, la política de vivienda en Ecuador ha sido un termómetro del desarrollo económico, del acceso al crédito y del poder adquisitivo de las familias. En el centro de esa historia están dos siglas que hoy forman parte del vocabulario financiero y político: VIS (Vivienda de Interés Social) y VIP (Vivienda de Interés Público).
Ambas nacieron con el propósito de hacer posible algo que parecía inalcanzable para la clase media y los trabajadores formales: tener casa propia con financiamiento asequible.

En 2025, este debate vuelve a ocupar titulares. El presidente Daniel Noboa ha anunciado una nueva fase de créditos hipotecarios subsidiados para jóvenes, como parte del programa Tu Casa Miti Miti, una propuesta que busca ampliar la oferta y dinamizar el sector constructor. Pero para entender la magnitud de este anuncio, es necesario mirar hacia atrás: ¿cómo evolucionó el mercado VIS y VIP? ¿Cuál es su peso en la economía y qué desafíos enfrenta hoy el sistema hipotecario ecuatoriano?

El origen del modelo VIS y VIP: vivienda como motor de inclusión

El modelo VIS y VIP surgió a mediados de los años 2000 como una respuesta estructural a dos problemas históricos: el déficit habitacional (que bordeaba el millón de unidades) y el limitado acceso al crédito hipotecario en un país dolarizado.
La VIS se diseñó para atender a familias con ingresos de hasta 2,5 salarios básicos unificados (SBU), mientras que la VIP amplió el rango a familias con ingresos de hasta 4,5 salarios básicos. La diferencia clave estaba en el precio máximo del inmueble y en las condiciones del crédito.

    • VIS: viviendas con un valor de hasta aproximadamente USD 97.000 (según ajustes recientes).

    • VIP: inmuebles entre USD 97.000 y USD 145.000, dependiendo del año y la normativa vigente.

Ambos segmentos contaron con tasas de interés preferenciales (entre 4,99% y 5,99%) y plazos de hasta 25 años, otorgadas por la banca privada con el respaldo del Estado a través del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (Biess) y de programas del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (MIDUVI). Más que una política social, el esquema fue concebido como una palanca de reactivación económica. El sector de la construcción representó durante varios años hasta el 10% del PIB no petrolero, y generó más de 400.000 empleos directos e indirectos en su auge.

Auge, desaceleración y reinvención

Entre 2010 y 2016, los proyectos VIS y VIP vivieron su “edad dorada”. La estabilidad de precios, la expansión del crédito hipotecario y los subsidios a la tasa impulsaron una ola de construcción en ciudades como Quito, Guayaquil, Manta y Cuenca. Empresas constructoras como Mutualista Pichincha, Mutualista Azuay, Pronobis o Colineal desarrollaron urbanizaciones completas bajo este esquema. Sin embargo, el ciclo cambió causado por la caída del precio del petróleo en 2015, ya que a inicios de 2014, el petróleo ecuatoriano se vendía cerca de los USD 100 por barril, pero un año después su precio se desplomó de manera constante hasta promediar unos USD 45. Para diciembre de ese año, la situación fue aún más crítica: el crudo Oriente, referencia del país, cayó a cerca de USD 30 por barril, y el crudo Napo llegó a rondar los USD 25, marcando una de las caídas más fuertes en la historia reciente del sector. Si sumamos esto al terremoto de 2016 en la provincia de Manabí y el endurecimiento de las condiciones crediticias provocaron una desaceleración notable. De hecho, el número de créditos hipotecarios VIS/VIP cayó en más de 30% entre 2017 y 2020. A esto se sumó la pandemia, que paralizó obras, encareció insumos y contrajo la demanda de vivienda.

En 2021 y 2022, el sector comenzó a reacomodarse: la demanda ya no provenía tanto de las familias de ingresos medios-bajos, sino de los segmentos emergentes que buscaban segunda vivienda o inversión inmobiliaria. Según Primicias, cerca del 30% de los compradores actuales adquieren inmuebles como inversión, sin considerar necesariamente el horizonte de exit (la venta o liquidez futura del activo). Esa tendencia muestra que el mercado ha cambiado: la vivienda ya no se ve solo como refugio, sino también como instrumento patrimonial.

El peso del crédito hipotecario en la economía

La cartera hipotecaria ecuatoriana supera actualmente los USD 15.000 millones, de los cuales cerca del 25% corresponde a programas VIS y VIP. El Biess continúa siendo el mayor otorgante de crédito hipotecario del país, con una participación del 35% del total, aunque en los últimos años la banca privada ha recuperado protagonismo, especialmente en proyectos urbanos. Sin embargo, la estructura del sistema presenta riesgos. El modelo de largo plazo (créditos a 20 o 25 años) en un contexto de baja rotación laboral y escasa educación financiera genera tensiones: los impagos crecen lentamente, y los bancos enfrentan el dilema de mantener tasas subsidiadas frente a un costo de fondeo cada vez más alto.

En 2025, una noticia marcó un punto de inflexión: el gobierno de Daniel Noboa anunció una reforma para permitir la venta de parte de la cartera hipotecaria del Biess a la banca privada, bajo mecanismos de titularización y reestructuración.
El objetivo es “dar liquidez al Estado sin afectar a los beneficiarios”, pero también abre el debate sobre la sostenibilidad del modelo. Si el Biess —que representa el ahorro previsional de más de tres millones de afiliados— vende cartera hipotecaria, ¿quién asume el riesgo a futuro?

El nuevo impulso: vivienda joven y sostenibilidad

En este escenario, la propuesta del presidente Noboa busca reimpulsar el acceso a vivienda para jóvenes con tasas subsidiadas y condiciones flexibles. El plan “Tu Casa Miti Miti” contempla que el Estado y la banca compartan el riesgo crediticio, reduciendo el requisito de entrada (down payment) y estimulando la compra formal. El objetivo político es ambicioso: reducir el déficit habitacional, que aún supera las 600.000 viviendas a nivel nacional, y reactivar la construcción como generador de empleo.

Pero esta vez, el enfoque no se limita a volumen: busca viviendas sostenibles, eficientes y adaptadas a la nueva realidad urbana.
El MIT (Ministerio de Industrias y Producción) ha enfatizado la necesidad de integrar criterios de eficiencia energética, diseño modular y materiales locales para abaratar costos y reducir el impacto ambiental. El crédito VIS/VIP del futuro, por tanto, ya no será solo un producto financiero, sino un vehículo de sostenibilidad.

El nuevo entorno financiero: tasas, regulación y demanda

El contexto de 2025 es más desafiante que el de hace una década. Las tasas de interés hipotecarias están bajo presión por el encarecimiento del crédito global y los techos regulatorios internos. Además, la capacidad de pago de los hogares se ha visto afectada por el aumento del costo de vida, la informalidad laboral y la contracción de la oferta de crédito. Aun así, la demanda se mantiene: la vivienda sigue siendo uno de los pocos activos percibidos como refugio de valor en un entorno de incertidumbre. El reto está en cerrar la brecha de acceso sin comprometer la estabilidad del sistema financiero. Programas como “Miti Miti” buscan ese equilibrio: tasas subsidiadas, procesos más ágiles y un componente de corresponsabilidad entre el Estado, la banca y el comprador.

Sin embargo, persisten desafíos estructurales:

 

    • Escasez de suelo urbanizable asequible en las principales ciudades.

    • Altos costos de construcción por dependencia de materiales importados.

    • Falta de incentivos fiscales para promotores de vivienda social.

    • Brecha de educación financiera en compradores jóvenes.

Un mercado en transición: del ladrillo a la planificación

El mercado inmobiliario ecuatoriano en 2025 refleja una dualidad: por un lado, el deseo persistente de tener casa propia; por otro, la necesidad de repensar el modelo de financiamiento. El crédito hipotecario sigue siendo un motor económico, pero su sostenibilidad depende de un equilibrio delicado entre oferta, demanda y regulación.

Los constructores enfrentan nuevos costos, los bancos evalúan con más cautela los plazos, y los compradores jóvenes ven la vivienda como meta, pero también como carga. El desafío para el Estado será acompañar este proceso sin sobreendeudar a las familias ni desfinanciar al sistema. Aun con esas tensiones, el sector constructor sigue siendo uno de los pilares del crecimiento no petrolero. Cada vivienda construida genera, en promedio, 3,5 empleos directos e indirectos, y cada USD 1 invertido en construcción genera USD 1,6 en valor agregado para la economía, según datos de la Cámara de la Construcción.

Situación de la vivienda en la región y Ecuador

En América Latina, cerca del 65 % de los hogares tiene vivienda propia, mientras que uno de cada cinco vive en arriendo y el resto accede a su hogar mediante préstamos, servicios o cesiones. En Ecuador, la realidad es similar, aunque con matices: el 63,3 % de los hogares posee vivienda propia —ya sea totalmente pagada o aún hipotecada— y alrededor del 26 % vive en alquiler, una de las tasas más altas de la región. Según Primicias, en 2025 existen 1,08 millones de familias ecuatorianas arrendando vivienda, equivalente al 20,9 % del total de hogares, una leve reducción respecto a la década anterior. Esta tendencia está impulsada por el déficit habitacional, la falta de poder adquisitivo y la movilidad laboral, especialmente entre jóvenes menores de 40 años, quienes optan por la flexibilidad del arriendo antes que comprometerse con una hipoteca. El fenómeno revela un cambio estructural: la vivienda en alquiler y la vivienda propia dejan de ser opciones opuestas para convertirse en estrategias complementarias dentro de un ecosistema urbano en transformación.

hacia una vivienda sostenible y financieramente sana

El mercado VIS y VIP ha demostrado ser una herramienta poderosa de movilidad social y de dinamismo económico, pero necesita evolucionar. La vivienda del futuro no puede depender únicamente del subsidio o del crédito largo, sino de un ecosistema financiero que incentive el ahorro, la planificación y la eficiencia. Los nuevos proyectos deben integrar tecnología, sostenibilidad y modelos de participación público-privada que multipliquen el impacto sin comprometer los recursos del sistema previsional.

En este nuevo capítulo, el desafío para Ecuador no es solo construir más casas, sino construir confianza. Es decir, una estructura tan fuerte en la que una familia joven puede acceder a una vivienda sin hipotecar su estabilidad, en que los bancos pueden financiar sin riesgo excesivo, y en que el Estado puede incentivar sin distorsionar el mercado. Si ese equilibrio se logra, el crédito VIS/VIP no solo será una política social: será una plataforma real para construir futuro.

La deuda es con la educación financiera

En un país donde se calcula que cada persona tiene en promedio 13 créditos y 42% paga mínimos de la tarjeta de crédito para gastos corrientes como las compras de alimentos para el hogar, la asignatura pendiente sigue siendo la educación financiera. En especial para planificar algo tan grande como la compra de un inmueble.

Comprar una vivienda no debería comenzar con una deuda, sino con un plan financiero inteligente. Durante años, la idea de “endeudarse para tener casa propia” ha sido el paradigma dominante, pero cada vez más personas entienden que planificar la compra puede ser tan importante como elegir la casa misma.

La clave está en cambiar la mentalidad: en lugar de asumir un crédito hipotecario desde el primer día, puedes prepararte financieramente para la entrada, utilizando el ahorro y la inversión como aliados. Esto significa destinar aportes mensuales a un fondo o instrumento de inversión —como los fondos de inversión que permiten simular metas y acumular capital con interés compuesto— durante un tiempo determinado, de modo que cuando llegue el momento de comprar, la entrada esté financiada con tu propio patrimonio y no con deuda.

¿Cuál es la mejor forma de comprar casa?

Este enfoque transforma la compra de vivienda en un proceso planificado y sostenible. Por ejemplo, si proyectas adquirir una propiedad de $100.000 y necesitas un 10% de entrada, puedes establecer una meta de ahorro e inversión de $10.000 en tres años. Con disciplina y aportes mensuales constantes, ese dinero crece gracias al rendimiento acumulado y reduce la carga financiera del crédito hipotecario, ya que pedirás menos y pagarás menos intereses.

Además, esta estrategia fortalece tu salud financiera: te enseña a presupuestar, a visualizar objetivos en el tiempo y a usar el dinero como herramienta de construcción patrimonial, no solo de consumo. Comprar una casa no debería significar perder liquidez ni asumir estrés financiero, sino alcanzar estabilidad y libertad mediante una decisión planificada.

En resumen, invertir para financiar la entrada de tu vivienda no solo cambia el “cómo” compras, sino también el “por qué”: deja de ser un salto impulsivo y se convierte en un paso firme hacia tu futuro financiero.

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