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El auto usado: el primer “activo” de muchos  ecuatorianos 

autos usados e inclusion financiera

En un país dolarizado como Ecuador, donde el acceso a vivienda propia es limitado y la informalidad laboral supera a la formalidad, para muchas familias el primer gran activo no es una casa: es un carro usado. No solo es un medio de transporte; es una herramienta para generar ingresos, llegar al trabajo, repartir productos o moverse con seguridad. Por eso el mercado de segunda mano se ha convertido en un termómetro de la economía real y en un espacio clave para hablar de inclusión financiera. 

Un dato basta para dimensionarlo: por cada vehículo nuevo que se comercializa en el país, se transaccionan entre tres y cuatro usados, con tendencia muy similar a la que se observa en la región. Si el mercado de vehículos nuevos colocó alrededor de 108.000 unidades en 2024, el universo de usados se movió entre 270.000 y 324.000 vehículos.  

Un mercado anticíclico en una economía tensionada 

Mientras las cifras de autos nuevos han enfrentado subidas y bajadas entre el 2019 y el 2025 con una afectación importante por la pandemia o los ciclos económicos del país, el mercado de usados ha mostrado resiliencia. Las transferencias de dominio —el indicador más confiable para seguir la pista de este segmento— crecieron 1,3% en 2023 frente a 2022 y 21% frente a 2019. Es decir, el mercado se recuperó del golpe de la pandemia antes que otros sectores. 

La explicación combina varios factores. Por un lado,  la pérdida de poder adquisitivo vuelven prohibitivo el salto a un auto nuevo para buena parte de la población en ciclos de mayor incertidumbre. Por otro, la escasez global de chips, que encareció y retrasó la entrega de vehículos nuevos  entre el 2020 y 2022, eso  empujó a muchos compradores hacia el mercado secundario. 

En la práctica, el auto usado se volvió la puerta de entrada para el comprador que busca movilidad propia sin comprometerse con una cuota mensual imposible. Es el verdadero “entry level” del mercado automotor. 

Precios que bajan y demanda que se reacomoda 

El comportamiento de los precios confirma esta dinámica. El valor promedio de los autos usados pasó de 19.951 dólares en 2023 a 18.943 en 2024. Una disminución cercana al 5% que refleja dos cosas: mayor oferta y un comprador más sensible al precio. 

Plataformas como 1001Carros.com, Patio Tuerca u OLX Autos han ampliado la vitrina digital de los seminuevos. Solo OLX Autos registró en 2021 alrededor de 1,6 millones de visitas de personas interesadas en autos y más de 21.000 usuarios que completaron el proceso de venta a través de su cotizador. Ese salto digital permitió algo que antes estaba reservado a los grandes patios: comparar precios, revisar historiales y negociar con más información. 

Aun con una demanda que todavía no llega a los niveles prepandemia, la tendencia es clara: se espera que el mercado de usados supere esos niveles en el último trimestre de 2025, impulsado por promociones, ajustes de inventarios y una oferta que se ha vuelto más competitiva. 

Qué autos buscan los ecuatorianos 

Las preferencias del comprador de seminuevos también cuentan una historia. Entre los modelos más buscados en las principales plataformas y en Google Trends aparecen consistentemente la Kia Sportage, la Isuzu D-Max, la Toyota Hilux, y modelos emblema de Kia y Hyundao. Es decir, SUV y pickups que sirven tanto para uso familiar como para actividades productivas. 

autos mas buscados por ecuatorianos Google Trends

autos buscadores en ecuador google trends

Esa mezcla no es casual. En un país con alta presencia de micronegocios y trabajadores independientes, muchos autos usados son una herramienta de trabajo: sirven para transportar mercancías, hacer entregas, movilizar pasajeros o combinar el uso personal con el comercial. No se trata solo de cumplir el sueño del “carro propio”, sino de sostener el flujo de ingresos de la familia. 

Del lado de la oferta, marcas como Toyota, Chevrolet, Suzuki, Kia, GWM y Chery concentran buena parte del interés.  

Ventajas y riesgos del mercado de segunda mano 

¿Por qué el auto usado es tan atractivo para un segmento amplio de consumidores? 
  • Hay opciones para casi cualquier presupuesto. Desde vehículos de menos de 10.000 dólares hasta modelos recientes que superan los 25.000, el rango de precios es mucho más diverso que en el mercado de nuevos. 
  • La depreciación más fuerte ya ocurrió. Quien compra un auto de tres o cuatro años evita el golpe inicial de valor que sufre un cero kilómetros al salir del concesionario. 
  • Los costos de matriculación, impuestos y seguros suelen ser menores, algo clave en una economía donde cada dólar cuenta. 
  • Es un activo de “rápida realización”: en caso de necesidad, puede venderse con relativa facilidad para obtener liquidez. 

Sin embargo, ese atractivo convive con riesgos importantes. Los desperfectos mecánicos, históricos de choques no declarados, adulteración de kilometraje o problemas legales en el origen del vehículo pueden convertir una “oportunidad” en un pasivo costoso. A eso se suma la fragilidad de la infraestructura de datos públicos: la Agencia Nacional de Tránsito (ANT) enfrenta hoy el desafío de fortalecer la seguridad, estabilidad y trazabilidad de la información de vehículos, en un contexto donde los sistemas han mostrado fallas críticas. 

En otras palabras, el mercado de usados es grande y dinámico, pero todavía demasiado dependiente de la informalidad y de procesos manuales. Y eso golpea, sobre todo, a los compradores con menor educación financiera, que no cuentan con abogados ni asesores para revisar cada papel. 

La formalización como herramienta de inclusión financiera 

Aquí es donde entra un actor que gana cada vez más  relevancia: la fiducia. Fideval, con años de experiencia en gestión de activos en garantía y servicios especializados, ha desarrollado una herramienta pensada precisamente para reducir el riesgo documental y legal en la compra y venta de carros usados a través de su Encargo para Representación de Ventas. 

El mecanismo es sencillo en su diseño, pero fuerte en su impacto. El vendedor entrega a Fideval un mandato para que lo represente en la venta del vehículo. A partir de ahí, el fiduciario se encarga de revisar la documentación, validar la trazabilidad del bien, coordinar la transferencia de dominio y asegurar que los papeles estén en regla. Es decir, se vuelve el “árbitro” documental de la operación. 

Hoy Fideval procesa cerca de 600 transacciones mensuales de toma y posterior venta de vehículos, con más de 15.000 operaciones acumuladas en los últimos cinco años. Su rol no es vender autos, sino integrarse a la cadena de valor desde el ángulo más complejo, pero que más dolores de cabeza genera: los papeles. 

Esta formalización tiene un impacto directo en inclusión financiera. Para un comprador que está adquiriendo quizá el primer activo de su vida, saber que el vehículo no tiene juicios, embargos ni reportes inconsistentes en la ANT es la diferencia entre dar un salto de movilidad social o entrar en un problema legal que no puede manejar. Además, estos procesos ordenados permiten que las entidades financieras se sientan más cómodas financiando autos usados, un segmento donde históricamente el crédito ha sido más escaso o más caro. 

El auto usado como puerta de entrada al sistema financiero 

Un vehículo seminuevo financiado de manera formal no es solo un carro: es también un historial crediticio que se construye. Para quienes nunca han tenido una tarjeta o un préstamo bancario, esta compra puede ser el primer registro positivo en el buró. Si el proceso se realiza con documentación clara, contratos bien hechos y trazabilidad en la propiedad, el riesgo percibido por bancos y cooperativas disminuye y se abre espacio para productos de crédito más accesibles. 

En ciertos mercados, casi un 30% de los ingresos de los concesionarios proviene de la toma y venta de usados. En Ecuador, profesionalizar esa parte del negocio no solo ayuda a los distribuidores a diversificar sus fuentes de ingreso, sino que genera un círculo virtuoso: los usados se toman con mejor precio, se venden con más garantías y potencialmente se financian con condiciones menos abusivas. 

La experiencia internacional muestra que la formalización del mercado secundario es una tendencia irreversible. Plataformas como Kavak u OLX Autos en la región han demostrado que se puede combinar tecnología, datos y procesos para dar más seguridad a compradores y vendedores. El reto local es que ese avance a los estratos que siguen comprando en patios informales o de manera directa, muchas veces solo con la confianza del apretón de manos. 

Autos usados, ciudad y desigualdad 

Los datos de ventas de vehículos nuevos muestran una concentración geográfica clara: Quito y Guayaquil concentran cerca del 72% de las unidades.  

Facilitar la compra segura de estos vehículos, con procesos claros y crédito responsable, es también una forma de cerrar brechas de acceso a oportunidades. 

Mirar el mercado de seminuevos con enfoque de política pública  Para la política económica, el mercado de usados ofrece varias lecciones: 

  • Confirma que, en contextos de ingresos ajustados, las familias no dejan de buscar movilidad; solo cambian de segmento. 
  • Muestra que la digitalización y la transparencia de la información pueden reducir asimetrías y proteger mejor al consumidor. 
  • Revela que la infraestructura de datos públicos (como los registros de la ANT) no es un tema burocrático menor: es la base para que miles de operaciones no terminen en estafa. 
  • Sobre todo, evidencia que la inclusión financiera no se logra solo con cuentas bancarias o billeteras electrónicas, sino también con servicios que permiten comprar activos reales de manera segura. 

El vehículo seminuevo seguirá siendo, por muchos años, el primer activo de cientos de miles de ecuatorianos. La pregunta no es si el mercado de usados crecerá —porque ya lo hace—, sino si ese crecimiento se dará en un entorno de reglas claras, protección al consumidor y acceso a financiamiento o si seguirá dominado por la informalidad y el “sálvese quien pueda”. 

El trabajo de Fideval, que se especializa en resolver la instancia documental  del ciclo de negocio, muestra que es posible formalizar e impulsar la formalización de este mercado. En un país que necesita más movilidad —económica y literal—, cuidar cómo se compra y se vende un carro usado es mucho más que un detalle del sector automotor: es una pieza clave en la ampliación de la generación de oportunidades en la construcción patrimonial de miles de ecuatorianos.  

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