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Tasas activas y pasivas: la brújula del crédito y espejo de la economía

indicadores economicos

 Si esta historia empezara una frase diría que la mejor sería “las tasas no mienten: suben cuando hay miedo y bajan cuando el dinero sobra. Son el espejo más sincero de la economía.” Y no hay nada más cierto, entender de ciclos económicos, liquidez en el mercado, tasa SOFR que es la base del costo del dinero y otras variables en economía, implica que las tasas jamás serán fijas sino un reflejo de lo que sucede en la economía de un país.

¿Qué son las tasas activas y pasivas?

Para entenderlas, pensemos en dos lados de una misma moneda:

    • Tasa pasiva: es lo que los bancos te pagan por dejar tu dinero con ellos. Si tienes una cuenta de ahorro o un depósito a plazo, la tasa pasiva es el “agradecimiento” que te da el banco por confiarle tu dinero.

    • Tasa activa: es lo que tú pagas al banco cuando te presta dinero. Si sacas un crédito, una hipoteca o una tarjeta de crédito, ese porcentaje es el costo de usar el dinero del banco.

La diferencia entre la tasa activa y la pasiva se conoce como spread financiero, y representa el margen que las instituciones ganan por intermediar entre quienes tienen dinero (ahorristas) y quienes lo necesitan (deudores). Por ejemplo, si un banco paga un 4 % anual por los depósitos y presta al 10 %, el spread es del 6 %. Ese margen no es solo ganancia: cubre los costos operativos (como personal, sucursales y tecnología), las pérdidas por créditos incobrables, los impuestos y las exigencias regulatorias, además de asegurar una rentabilidad que mantenga sostenible al sistema financiero. Detrás de este equilibrio está una lógica más profunda: las tasas activas y pasivas funcionan como el verdadero termómetro de la economía, reflejando su nivel de liquidez, confianza y riesgo.

Cuando el dinero abunda, las tasas bajan

Si hay mucha liquidez —es decir, mucho dinero disponible en el sistema—, los bancos no necesitan competir tanto por captar depósitos, porque ya tienen recursos para prestar. Eso hace que las tasas pasivas bajen (pagan menos por tus ahorros) y también que las tasas activas bajen (prestar se vuelve más barato). Este escenario suele darse cuando la economía está estable, los depósitos crecen, los organismos internacionales inyectan recursos o los precios del petróleo —una fuente clave de dólares para Ecuador— están altos. Más liquidez significa más crédito, más consumo y más inversión.Es decir, el dinero circula, los negocios se expanden y el empleo crece.

Cuando el dinero escasea, las tasas suben

El panorama contrario también ocurre: si la liquidez se reduce, los bancos necesitan atraer dinero. Para lograrlo, suben las tasas pasivas y ofrecen mejores rendimientos a los ahorristas. Pero eso tiene un costo: al tener que pagar más por el dinero que captan, también aumentan las tasas activas. El resultado es un crédito más caro y un consumo más lento. Esto suele pasar cuando hay incertidumbre política, caída de exportaciones, salida de capitales o menor ingreso de remesas. El dinero se vuelve “tímido” y busca refugio: los inversionistas se vuelven cautelosos, y el sistema financiero se protege.

Las tasas también reflejan el miedo

Las tasas no solo dependen de cuánto dinero hay en el sistema, sino también de cuánta confianza existe.
Cuando el país atraviesa un momento político o económico tenso, los inversionistas piden más rendimiento por el riesgo que asumen. Eso se conoce como riesgo país, y en Ecuador lo mide el índice EMBI, elaborado por JPMorgan. Si el riesgo país sube, los préstamos internacionales se encarecen, las tasas locales tienden a subir, y el acceso a crédito se vuelve más limitado.
Por eso, aunque la estabilidad política ayuda, las tasas responden más a la liquidez y al riesgo que al discurso. En otras palabras: los mercados escuchan los hechos, no las promesas.

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El ciclo económico y las tasas: una danza constante

Las tasas de interés se mueven al ritmo de los ciclos económicos. Cuando la economía crece, hay más crédito y consumo, y las tasas tienden a subir ligeramente para evitar sobrecalentamiento. En recesión, ocurre lo contrario: los bancos bajan tasas o flexibilizan condiciones para estimular la actividad. En Ecuador, donde no existe una política monetaria propia por la dolarización, las tasas no se mueven por decisión del Banco Central, sino por la cantidad de dólares que entra o sale del país. Esto hace que factores externos —como el precio del petróleo, las tasas de la Reserva Federal de EE. UU. o el flujo de remesas— sean determinantes para el costo del dinero local.

Por qué las tasas activas importan tanto

Cada punto de tasa afecta directamente a los hogares y las empresas. Una tasa activa alta puede frenar el sueño de comprar una casa o ampliar un negocio; una tasa baja, en cambio, incentiva la inversión. Sin embargo, tasas demasiado bajas también pueden generar exceso de crédito y sobreendeudamiento, creando burbujas de consumo. Por eso, los bancos y reguladores buscan equilibrio: mantener tasas que permitan acceso al crédito, pero con suficiente margen de seguridad para evitar riesgos sistémicos.

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Y las pasivas, ¿por qué importan?

Porque son el pago al ahorro, y el ahorro es la base del crecimiento. Cuando las tasas pasivas son atractivas, las personas prefieren guardar su dinero en el sistema financiero, y eso aumenta la liquidez general. Cuando son bajas o negativas frente a la inflación, la gente busca opciones más rentables, como fondos de inversión o activos reales (viviendas, tierras, metales). Por eso, una economía sana necesita un equilibrio entre ahorro e inversión: el dinero que uno deposita es el que otro toma prestado para crear, producir y generar empleo.

la brújula del crédito

Este artículo se tituló: Tasas activas y pasivas: la brújula del crédito porque éstas son mucho más que simples números. De hecho, son cifras económicas que tienen una narrativa humana que implica el desarrollo de un país y su población ya que:

    • Reflejan la confianza y la liquidez de un país.

    • Indican si el crédito está fluyendo o se está frenando.

    • Revelan el costo de crecer, emprender y consumir.

Cuando las tasas bajan, el dinero fluye y la economía respira. Cuando suben, el sistema se defiende y se vuelve más cauteloso. Entenderlas no es solo conocer un número: es leer el pulso del país, ese lenguaje silencioso que revela si avanzamos con confianza o si el mercado contiene la respiración antes del próximo movimiento.

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